Mía. El gato y el ratón. ©María Border - Colección Novelas - 2013



Sinopsis:

Cansada de ser acosada por el dueño de la productora para la que trabaja, Miranda Serrano consigue un puesto como secretaria en el estudio jurídico Salerno, considerando que allí estará bajo las órdenes de gente seria y profesional.
El doctor Santiago Albarracín, miembro destacado del estudio, será su jefe.  Además de un hábil profesional, Santiago es seductor, mujeriego y no está acostumbrado a que las mujeres le digan que no.  Mucho menos un “minón infernal”, como es su nueva secretaria.
Entre atracción y rechazo, descubrirán secretos familiares y temores propios.
En la búsqueda por lograr sus objetivos, vivirán situaciones límite, incursionando en el juego “del gato y el ratón”.
¿Quién será el gato?  ¿Quién el ratón?


j

Fragmentos:


Santiago Albarracín.

—Cuando estamos en medio de un juicio, me concentro mucho y necesito concentración a mi alrededor.  Seguramente algún día la necesitaremos fuera del horario laboral…
Me interrumpe sin dejar que continúe.
—Hasta aquí no hay problema.  Soy ordenada y obsesiva del trabajo.  Comprendo las indicaciones sin necesitar que me las repitan.  Tal vez no esté familiarizada con términos jurídicos, pero aprendo sin dificultad.  Con respecto a trabajar fuera de hora, es imposible.
—¿Por qué? —me molesta su aire de superada.
—Porque vivo Doctor.  Fuera de la oficina me dedico a vivir.  Acá trabajo de nueve a cinco.
La muy turra me la mandó a guardar.  Seguro que no necesita la plata. 
Mi intriga me juega una mala pasada y pregunto sin pensar antes—: ¿Está en pareja? ¿Tiene novio?
—Hablábamos de temas laborales.  Mi vida fuera de la oficina es privada.
La hubiera estampado contra la pared. 



t
Miranda Serrano.
Es alto, bronceado, con impactantes ojos azules, un perfume que aturde y metido dentro del traje gris oscuro, tiene la elegancia bordada y abrochada para toda la vida.
Al enterarme que es mi jefe, cambio de postura en el acto, comprendo muy bien la recomendación de Salerno padre y pienso que las mujeres deben morir al verlo.
Su mirada es avasalladora, su voz no me permite mantener la concentración.  Dentro del despacho todo es aún peor y me cuesta un triunfo mantenerme fría y distante. 
Me sorprende cuando dirige su mirada a mi escote.  Mis mejillas seguro se ruborizan, porque siento el calor en ellas.  Lo peor es volver a recuperar la compostura después de eso.  Con la mirada encontró el canal directo al botón que enciende mi deseo y todavía no comprendo cómo lo hizo. 
Casi no escucho la pregunta que me hace después.  Tengo que llamarme a juicio para poder seguir sentada y entender cómo se concentra y que solo atiende a su madre.  Hasta que se enciende la alarma, que gracias a Dios poseo, cuando habla de las horas extras.



t


Mientras me adelanto a tomar la carpeta en su lugar, puedo sentir el temblor que le produce mi toque. 
«Hey muñeca —pienso—, por lo visto no te soy tan indiferente como ayer. Ahora ya sé que lo tuyo era un desafío». 
Da un paso hacia atrás separándose, mientras me increpa—: ¿Necesita algo más?
—No —respondo clavándole mi mirada azulina y seductora, que comprobadamente sé, no falla.
—¿Supuso que no podría hacerlo sola? —pregunta, cortándome todo el clima que intentaba generar.
—¿Disculpe?
—Porque si no necesita otra cosa más que las carpetas que me envió a buscar, no comprendo su presencia en el archivo.  Salvo que prejuzgara que yo no soy capaz de llevar a cabo su encargo.
¿Es tarada o se hace?  Me está cagando a pedos y el jefe soy yo.  Mierda y re mierda.  Es la segunda vez en veinticuatro horas que me reprimo el impulso de estamparla contra la pared.
  t

Le tomo la mano fuerte acercándola a mí.  Siento nuestras respiraciones agitadas por la bronca y la cercanía.  No puedo evitarlo y termino besándola, primero con brusquedad, invadiendo su boca con mi lengua, importándome un carajo si quiere o no, y descubro lo dulce de su sabor.  Me sorprende lo rápido que me excito y transformo el beso en uno más suave y considerado.  Ella no se separa ni ofrece resistencia.  Puedo sentir que también me desea, pero finalmente me empuja con fuerza, separándonos.  Trato de tomar el dominio de la situación, la enfrento con una mirada amenazante.  Cuando las puertas del ascensor se abren.  Salgo y le lanzo:
—No me desafíe señorita Miranda.  Puedo sorprenderla.  Salgo solo, la vigilancia me abrirá. Hasta el lunes.
t

—Jefe y secretaria —le recuerdo, señalándolo y señalándome—.  No más que eso. ¡Nunca!
t







t

Un marca páginas creado por la artista Tiaré Pearl.




La magia de Tiaré Pearl y sus montajes.  Gracias reina, son preciosos.




3 comentarios:

  1. Muchas gracias por sus bonitos comentarios sobre mi novela.

    ResponderEliminar
  2. Hola como estan me gustaria sabes si a alguien tiene el libro en pdf que me lo pudiera enviar al correo carolina.alejandra19@hotmail.com se los agradeceria llevo mucho tiempo buscandolo y no lo encuentro

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Carolina es un poco chocante ver que pedís en mi blog uno de mis libros. Te ruego elimines el post. Prefiero que lo hagas vos y no verme en la obligación de borrarlo yo. Muchas gracias.

      Eliminar