Como en un cuento de hadas © María Border- Historia Completa


CAPÍTULO 1

Despegar

©2012 María Border-


Tenía que hacerlo ahora, ya no podía esperar más tiempo.  Había que comenzar la mayoría de edad con ese cambio.  El día anterior, en su cumpleaños, se había propuesto comunicarle a sus tíos, que se iría a vivir sola. 
Los 21 años le daban la oportunidad ideal.  Si no lo hacía ahora que contaba con esa excusa, no lo haría a los 22 y mucho menos a los 23.  Si continuaba pasando el tiempo, la tía se saldría con la suya y no se iría de la casa, sino hasta casarse.
«Tal y cómo se ven las cosas, un casamiento parece más que lejano y ya es hora de emanciparse», pensaba.
  Contaba con el dinero que sus padres le dejaron  como herencia, y que sus tíos, por ser sus tutores legales, habían custodiado hasta ayer, en que le comunicaron que se encontraba a su disposición.   Lo utilizaría para un departamento chiquito, y como sustento hasta conseguir trabajo. 
Tenía todo estudiado y planeado.  Ya había dejado más de un currículum en varias empresas, ninguna vinculada con el tío Luis.  De última, si nada surgía, habría que recurrir a sus contactos.  Pero por el momento se probaría a sí misma intentándolo sola.
¡Ánimo!  Se los diría.  La tía lloraría un rato, el tío plantearía que de ninguna manera, ella se pondría firme, y para mañana estarían los tres buscando un departamento.
Entró a la casa respirando hondo y profundo, como infundiéndose coraje.
—Lucía, llegaste temprano. Luis llamó, está demorado en el hotel.  No sé qué fallaba en el sistema de aire acondicionado.   La cena está casi lista —dijo María desde el comedor, dándole la bienvenida a su sobrina.
—Hola tía —saludó Lucía, mientras le daba un beso en la mejilla.
El acogedor departamento, estaba en pleno Belgrano.  A Lucía le encantaba caminar por las callecitas del barrio imaginando quienes habrían vivido en esas mansiones tan antiguas.  Adoraba el barrio, pero el tío se quejaba del infernal tránsito en la zona y lo mucho que tardaba a diario, en llegar hasta el hotel de Palermo, cuando solo treinta cuadras lo distanciaban del mismo.
María era hermana melliza de su madre.  Luis fue el más íntimo amigo de su padre.  No tenían hijos y al morir sus padres, los tíos no habían permitido que nadie más la criara.  Ella los adoraba.  Y ahora, les asestaría un puñal en el medio del pecho.
«¡INGRATA! », se reprochó.
La cena no se diferenció de otras. Un bocado y hablaban de la reunión que le hicieron  para festejar su cumpleaños; otro bocado y peguntaban por su día; otro más y el tema era el aire acondicionado del hotel, otro y…  Sí, eran un trío muy charlatán, ni la comida impedía que hablaran todo el tiempo.
Finalmente Lucía tomó coraje para notificarlos de su decisión—: Tengo algo que decirles. 
—Te enamoraste, conociste al amor de tu vida—. La tía era romántica a más no poder.  Su ilusión era verla feliz.
—Conseguiste trabajo, ganarás fortunas y nos vas a mantener —Luis recurría a sus bromas.
¿Por qué razón les encantaba jugar a eso de las adivinanzas? ¿Por qué eran tan ansiosos?  Una vez que había conseguido juntar coraje  para decirles, eran incapaces de esperar y cortaban toda inspiración.
—Lo que tengo para decirles, seguramente no va a ser bien recibido por ustedes al principio, pero  después de escucharme, me van a entender.
—¡Te lo dije, te lo dije! —repetía Luis mirando a la tía.
—Callate Luis, todavía no sabemos lo que quiere decirnos —indicaba María, con un gesto de reprimenda hacia su marido.
Él parecía preocupado y ella tenía en su cara ese gesto de «¡POR DIOS que no se le ocurra!»
—No sé en qué están pensando.  A mí no me parece que sea para asustarse o preocuparse —dijo con intención de bajar un poco la ansiedad, hacer una pausa para reacomodar en su mente las ideas y recuperar el discurso que había elaborado para ese momento.
—Yo los amo profundamente y estoy muy agradecida porque me criaron, amaron y acompañaron siempre —aclaraba tomándolos de las manos.
—¿Pero…? —dijo Luis con ansiedad, mientras movía en el aire su mano libre, como indicando prosiguiera sin dar vueltas.
—En realidad, ningún pero, es solo que… en verdad estoy agradecida, en verdad los quiero, y ya estoy grandecita y me parece que éste es el mejor momento para…
—¡De ninguna manera…!
—Luis, por favor silencio, dejala hablar, NO DIJO LO QUE QUIERE —señaló María, segura y firmemente a su marido, para que éste termine con su ansiedad y deje a Lucía comunicarles, lo que para ellos era seguro, aterrador e inminente.
—Decía que éste me parece el mejor momento para… independizarme—. Hizo una pequeña pausa y sin mirar a sus tíos, temiendo que la sorpresa de ellos la hiciera volver atrás, prosiguió rápido—: Estoy buscando trabajo, quiero irme a vivir sola.
—¡POR SUPUESTO! —gritó Luis absolutamente aliviado por lo que oía.  
Pareció rejuvenecer.  Lucía acababa de quitarle un tremendo peso de encima.  Hacía días que la veían pensativa, distante; cuando eso ocurría era porque estaba elaborando alguna idea.  Lucía es una chica divertida y sociable.  Absolutamente segura de lo que le gusta y lo que quiere.  Luis había cometido, según María el error, de llevarla desde chiquita al autódromo y compartir con ella su pasión por los autos.  Su sobrina cubría todas sus expectativas.  No era fanático de futbol, ni de ningún otro deporte, pero los fierros eran su debilidad.  Cuando joven había querido ser piloto de fórmula uno.  Llevó a Lucía desde que se acuerda a las carreras y a los kartings. Le enseñó a manejar y juntos corrían picadas en el autódromo.  Más de una vez, a escondidas de su mujer, que odiaba ese hobby con terror típico femenino.    Dentro de los boxes, su sobrina brillaba feliz.  Estaba seguro que lo que ella venía cavilando desde hacía unos días era la tremenda idea de puntuar para competir en alguna categoría.  Si eso era así, María primero lo mataba y después lo revivía para volverlo a matar.  Si eso no sucedía, seguramente él se moriría de miedo cada vez que Lucía afrontara una carrera.  Suspiró más que aliviado y pensó que recién ahora comprendía a su madre, cuando le rogaba que no siguiera adelante con su intención de tomarse las carreras como profesión.
—Epa tío, realmente me sorprende… Gratamente digo. Que  tomes  tan bien mi decisión de irme a vivir sola, me tranquiliza.
Solo entonces, volvió a repasar las palabras de Lucía: «¿Se quiere ir a vivir sola?»
— ¿Vivir sola dijiste? Bueno… sola, sola, hay que ver —decía Luis, que luego del alivio comenzó a entender que vivir sola, para una jovencita de su edad, en las épocas que se están viviendo, con tanto malandra rondando, y siendo tan chiflada, que seguro se enamoraba de un departamentito en Monte Chingolo y…—, primero tenemos que buscar algo que te guste por acá cerca.  ¿No sé si en el edificio habrá algo a la venta?, sino puede ser cerca del hotel, que es re-cool—decía sin tomar aire e intentando colocarse en el papel del tipo canchero, que entiende a la juventud y sus costumbres.
—¿Ya viste algo Lucía? —. María sabía, que si Lucía hablaba del tema y lo planteaba como una decisión tomada, era porque ya tenía todo averiguado y prácticamente resuelto.  Se relajó, Luis se equivocaba. Ya sabía ella que su sobrina no era tan loca como su marido. Lucía conocía lo que le provocaban los autos, por eso, ni bien cumplió 18 le regaló un “Escarabajo” reciclado, donde hasta hizo instalar Air-bags; pensando que cumpliría la función de llevarla y traerla, sin dejarla correr demasiados riesgos.   «Es que Luis tiene la cola entre las patas, porque vive llevándola al Autódromo y presentándole gente.  Lo que había que hacer ahora era ayudarla a encontrar un lugar lindo, seguro y por sobretodo CERCA», pensó.
—Vi un PH súper lindo. Tengo que arreglarlo un poco, pero me encanta —explicaba.
—¿Cuándo? ¿Fuiste sola y no me avisaste? Me hubiera encantado hacer la búsqueda con vos—.  María gustaba de buscar casas, y decorarlas mucho más.
—Fui con Sandra, está cerca del hospital donde trabaja y lo vimos de pasada, la otra semana.  Tiene dos  ambientes, la cocina está integrada al living-comedor, hay un ventanal antiguo enorme, con vista hacia el jardín interno, lleno de flores aromáticas.  El de la inmobiliaria dijo que la mayoría de los vecinos son gente joven; del interior,  que estudian en la ciudad, casi todos medicina o abogacía.
El lugar de verdad le agradaba por lo luminoso, y a pesar que la calle no era tan bonita como el departamento, tenía amigos en la zona, y pegadito había un garaje donde dejar a su precioso “Dreem” en las noches.
—¿Dónde está ubicado?
Eso seguro que no les gustaría, pero la tía fue directo al grano, de manera que si escabullía la pregunta, les demostraría que también ella ponía objeciones.
—Pleno Almagro-Recoleta, con el shopping cerquísima;  sobre Anchorena.  Tengo el garaje al lado, y por la misma calle, salgo casi directo a Libertador.  En un abrir y cerrar de ojos estoy en Belgrano y en el hotel en un segundo.
Al tío se le había pasado el susto y ahora retomaba con carácter, su postura machista, que solo hacía a un lado cuando de llevarla a correr se trataba.
—Almagro, pleno quilombo. Está camino al centro, todo el mundo tiene que pasar por ahí, un tráfico infernal. Hasta no hace mucho era un cúmulo de casas tomadas o abandonadas.  No te quiero caminando de noche sola por ahí.

  —¡No sé por qué te gustó éste!  Es mas chiquito que el que te encontré en la calle Laprida, y está peor ubicado.
—Ya lo sé, pero acá puedo observar el jardín, en cambio en el otro, tenía vista al vecino de enfrente.
Contestaba Lucía, mientras acomodaba otro libro más en la biblioteca.
  Por fin se estaba mudando a su primer departamento de soltera.  Desde que sus padres murieron, cuando ella era muy chica, había vivido a cargo de sus tíos en casa de ellos.  Convencerlos de que quería vivir sola, no había sido tan complicado.  Todavía  no entendía por qué, la noche en que se los dijo, su tío parecía sentirse aliviado al conocer que se independizaba.
Estaba en su flamante departamento, al que su tía ayudó a redecorar con perfecto buen gusto. 
Sandra la impulsó a comprar un somier de dos plazas: “Ya que vas a comprar, comprate uno en el que te puedas desparramar a gusto”, le había propuesto. 
En el mercado de las Pulgas consiguieron casi todo el mobiliario. 
El Living-comedor-cocina, era una mezcla de antiguo con moderno, donde una barra, separaba la cocina propiamente dicha, del resto del ambiente.  El altísimo ventanal del living, era el centro de sus más que repletas bibliotecas. Frente al mismo, ubicaron un sillón mullido, listo para recostarse a leer, con un bol de pochoclos dulces en la falda. Detrás de él, una mesa en roble para cuatro personas, y no mucho más. 
Si seguía dejando que su tía la paseara por medio Buenos Aires para elegir el mobiliario, no se habría mudado jamás y de cualquier manera, ya tenía más que suficiente.  
El sonido del portero eléctrico les indicó que Sandra había llegado para darles una mano en la mudanza, tal y como había prometido. Entró sumamente ansiosa.
—Te solucioné la vida —dijo antes de saludar siquiera—, te conseguí laburo.  No lo vas a poder creer, es genial.  En Puerto Madero, como secretaria en un estudio de arquitectos.  Tu jefe es un inglés engreído, pero con mucho laburo—.  El entusiasmo de la amiga era evidente—. Paga súper bien y el horario es de nueve a cinco. Eso te permite llegar con tiempo a la biblioteca de los gerontes, con la que rompés tanto las bolas.
Sandra era apresurada, vivaz y muy mal hablada.  Tal vez producto de tantas guardias en hospitales, donde hombres y mujeres, se empeñan en ser iguales hasta en los modales.  Vivía arreglándole la vida a todo el mundo. Le encantaban los after-hours y se molestaba porque Lucía prefería ayudar en el geriátrico de Bulnes, leyéndole a los viejitos hospedados allí, en lugar de acompañarla.
“O sea…—solía decirle— me parece genial que les leas y te intereses por los pobres viejos.  Pero flaca, relax, una cosa es una o dos veces  por semana, pero todos los días,  es to much.  Yo soy más vieja que vos y me lo paso de puta madre tomándome unas cervezas o un vinito y charlando con la gente joven.  Si  seguís así no te va a dar bola ningún tipo”.
Los “viejitos” tenían historias de vida. Eran gente con mucha capacidad de amar, pero también con extrema necesidad de ser amados.  Comenzó con ellos, cuando estaba en el secundario, luego de un trabajo social que les propuso el colegio.  Se había sentido tan a gusto, que de lunes a viernes, compartía con ellos un par de horas agradables, leyéndoles sus libros favoritos.  Muchos ya no tenían ganas de forzar sus ojos con la lectura, pero sí de disfrutar de los increíbles relatos que Lucía, les leía con tanta emoción.  Sobretodo la Sra. Elena, que había llorado con “El pájaro canta hasta morir” y ahora no veía la hora que Lucía continuara con “Orgullo y prejuicio”. Si Elizabeth Bennet, no se daba cuenta de cuánto la amaba el Señor Darcy, ella era capaz de meterse en el libro, tomarlo de una oreja y hacérselo saber. 
Además en el geriátrico estaba el doctor Lautaro Román, que era dulce, atractivo,… distante.
—¡Calma Sandra!  Vamos a ver.  ¿De dónde surge éste trabajo? ¿Quién te dio el dato? —reclamó María que, si bien reconocía en la amiga de su sobrina,  una médica increíble, también la sabía impulsiva y alocada.  «Primero debía explicarse bien. No fuera cosa que, por querer ayudar a la nena, termine metiéndola en algo que no fuera de su aprobación. Igual que hizo con el dichoso departamento, que no pudo sacarle de la cabeza»
Sandra dejó su maletín sin cuidado, sobre la barra de la cocina, junto a las copas que habían desembalado y todavía estaban sin guardar y comenzó el relato.
—La cosa es así —dijo dejándose caer en el sillón, sabiéndose dueña de la atención de las mujeres—: Andrea, mi amiga. ¿La que se casa en un mes con el salame que estudió veterinaria, porque es tan tarado que no le da para medicina?  Bueno, era el laburo de Andrea. El tarado no quiere que después de casados ella trabaje.  Parece que le provoca un poco de pica el jefe de mi amiga.  La cosa es que ésta idiota, le da bola y después de casada, deja de laburar.  El jefe le dijo que todo bien, si le consigue remplazo—. Levantó repetidas veces las cejas, dando muestras de cuánto la entusiasmaba el relato—. Ayer fuimos con Andrea a comprar los zapatos para su casamiento y después nos tomamos una cervecita en el Soho.  Y fue cuando me lo contó.  Es un estudio de arquitectos de la ostia, le pregunté qué exigencias y da la casualidad que das justo con lo que se pide.
Respiró por fin.  Estaba tan contenta de ayudar a su amiga, que no le alcanzaban las palabras para comentárselo y continuó:
—El tipo, el arquitecto; es un inglés engreído, medio parco parece,  exigente, pero paga buen sueldo.  Requiere alguien ordenado, como vos;  que hable a la perfección inglés, porque el muy estirado parece que, si bien sabe castellano, no le gusta usarlo.  Vos hablás inglés, mejor que él, de eso no me cabe duda.  Tenés que organizarle la agenda y los quilombos típicos de un jefe…  ¿No sé si querés llamar a Andrea y preguntale?
—Me parece genial Sandra, gracias por pensar en mí.  Pasame el teléfono de Andrea que la llamo y le pido más detalles —le dijo mientras la abrazaba y entregaba un beso de agradecimiento en la mejilla.
—Igual, con calma nena —dijo María casi reflexionando—.  El arquitecto parece tener mala fama.  Si Sandra ya dice que es engreído y vueltero, será mejor que no te entusiasmes de entrada.  Esperá a ver qué onda.  No sé por qué no querés ir a trabajar al hotel de Luis, o con alguno de nuestros amigos.


El capítulo 2, el sábado 24 de Noviembre... 


CAPÍTULO 2

Trabajo



  Andrea fue muy clara. Su jefe es exigente, antisociable, con algunas extravagancias inglesas, pero justo.  Trata a todo el mundo de usted, salvo a Rodrigo, su socio.  Así como no le gustan los errores de los otros, tampoco se permite errores propios.  En el estudio la vida privada es tabú, allí se va a trabajar, y mucho.  Aunque él se queda más de una vez hasta tarde, exige al personal que cumpla su estricto horario; no se llega tarde ni se hacen horas extras.  No habla en castellano, porque le da pena hablarlo tan mal y lo considera una falta de respeto al idioma de Cervantes.  Cuando esta preocupado juega golf, y si esta enojado squash, por lo que hay que estar atenta para tener a mano los palos y la raqueta, el bolso lo lleva siempre preparado en su auto.  Es un poco distraído mientras trabaja, se concentra tanto en los proyectos que a veces se olvida hasta de almorzar; hay que ocuparse de ese detalle, en el cajón del escritorio esta la lista del delivery, con los platos que suele pedir señalados.
El día que se presentó para ponerse a consideración, no lo vio. Fue el arquitecto Rodrigo Fernández quien la recibió.  Según dijo—: “El arquitecto Landon no sabe ocuparse de estas cosas, y me delega la tarea a mí”.
Le cayó bien Fernández.  Llevaba alianza, por lo que sería casado. En su despacho había muchas fotos, con quienes debían ser su mujer e hijos.  El sueldo le pareció más que razonable.  El trabajo era suyo y comenzaría de inmediato.
Dreem la condujo hasta Puerto Madero en menos tiempo del que había supuesto.  Tal vez se había apresurado a salir de su casa esa mañana, pero como desconocía cuánto demoraría en llegar hasta allí en horario pico, tomó recaudos.
Todavía no eran las nueve cuando accedió al segundo piso del edificio, donde daría comienzo a su primer día de trabajo.  Vestida con un tailleur negro, de pollera ajustada justo por arriba de la rodilla y una blusa blanca abotonada hacia el frente; zapatos de taco razonable, ya que los altos, no eran correctos para trabajar.
Saludó tímidamente y se dirigió a su sector.   Tal y como le había dicho Andrea, no entró al despacho de su jefe, él descontaba que a las nueve ella estaría allí, salvo indicación en contrario.  Sobre su escritorio se encontraba el listado de requerimientos de la agenda y los encargos para el resto del personal.  Tomó asiento y comenzó su trabajo.
—Buen día Lucía, bienvenida —dijo Fernández cuando la vio ingresar al despacho de Landon. 
Estaban estudiando un proyecto para un complejo en Villa la Angostura.  Fernández se tomó el tiempo de saludarla, pero Landon ni siquiera levantó la vista del plano cuando ella le indicó en perfecto inglés, que habían llegado los presupuestos que requerían de su aprobación.  Tan solo hizo un gesto para que los dejara sobre el escritorio diciéndole: “Buen día, gracias”.
Pudo notar, a pesar de estar inclinado hacia la mesa de trabajo, que era alto y parecía atractivo.
Se desenvolvió sin inconvenientes.  Su jefe se dirigía a ella por mail, anteponiendo un correcto “Señorita”. 
Podía perfectamente con sus tareas, nadie la había objetado.  El trabajo era sencillo, el lugar agradable, el sueldo acorde a sus pretensiones.  Estaba tranquila y contenta.   
El departamento cada día se veía más cálido, de a poco le fue incorporando su personalidad.  Los vecinos eran amistosos y ya había cenado con un par de ellos algún fin de semana.  Los tíos la visitaban seguido.  Incluso cuando ella no estaba.  Le llenaban la heladera y más de una vez debió incitarlos a que dejaran de comprarle cosas.  Tenían una copia de las llaves, pero habría que buscar la manera de poner reglas a respetar, porque eso ya rayaba con la intromisión.  Comprendía lo mucho que la extrañaban, y lo atentos que estaban porque se sintiera cómoda y acompañada.
En el trabajo se respetaba lo pactado. Todo el mundo se trataba con corrección.  El arquitecto Fernández era macanudísimo, y su señora Leonor,  sumamente cordial.  Los dos dibujantes jóvenes y bohemios, contaban con frescura y creatividad. Adriana, secretaria de Fernández, solterona pero muy cool; y Analía  encargada del área contable, casada y con dos hijos, era la única con inconvenientes para cumplir con su trabajo.
Su jefe nunca la había mirado siquiera. Era un tipo muy metido en su trabajo, sin desbordes, que cumplía con lo acordado.  Lo consideraba muy atractivo. Siempre bien vestido, correcto, aunque absolutamente parco.  Todo lo pedía con un: “Señorita, por favor”, desde el intercomunicador o por mail.  Si bien no olvidaba dar las gracias, Lucía imaginaba que no tenía idea de a quien agradecía, solo lo hacía por respeto.
—Señorita—reclamaba Landon por mail—: consígame dos pasajes ida y vuelta a Bariloche para mañana a primera hora.  Viajo con Rodrigo.  Reserve dos habitaciones en el Sheraton  y contrate también  una cuatro por cuatro a retirar del mismo aeroparque.  Programe el regreso para viernes a media tarde, de ser posible.  Solicite un remis que nos venga a buscar a aeroparque al regreso, ya que para ir nos lleva Leonor. Gracias.
Dejó los pasajes, las reservas, las indicaciones por dónde retirar la camioneta y el dato del remisero contratado, sobre el escritorio de su jefe dentro de un sobre con el texto “Bariloche”, tomó su cartera, su abrigo y se dispuso a dar por terminado su día de trabajo.
—Lucía, ¿todo listo para mañana?— la demoró Fernández.
—Si arquitecto.  En el despacho del Arquitecto  Landon, dejé un sobre con las reservas e indicaciones.  Espero tengan un viaje agradable y provechoso.
—Gracias Lucía, nos vemos el viernes.


g


El próximo viernes 30 de Noviembre el capítulo 3. Te espero.




CAPÍTULO 3

Registro



Viernes por fin, la semana había sido agotadora.  En el trabajo estaban a mil por hora. El nene más chico de Analía se había acatarrado y llegó tarde un par de días, por lo que debió cubrirla haciendo los bancos.  En el geriátrico parecía que todo el mundo había decidido engriparse, y con la señora Elena se ocuparon de mimar a más de un enfermo. Ni que hablar lo ocupado que estuvo Lautaro.
Por suerte su jefe no le demandó mucho desde el sur.  Era mediodía, el avión llegaría a las dos, su jefe estaría en la oficina cerca de las tres, y dos horas mas tarde, comenzaría el fin de semana.
El teléfono de la oficina sonó  y del otro lado, su jefe le explicaba que el vuelo era redirigido hacia Ezeiza, que tomara los recaudos necesarios para desviar el remise hacia allí.
Llamó a la remisería, pero nadie contestaba. Al celular del remisero asignado y tampoco.  Intentó con otras agencias, pero al parecer, por ser viernes, no había autos disponibles con tanta premura.  Justo ese día Dreem estaba en el taller para mantenimiento.  Sobre el escritorio de su jefe vio las llaves del BMW.
Lo llamó y le dijo—: Señor no se consigue remis.  Las llaves de su auto están aquí, si no le parece mal, puedo ir a buscarlos en él.
 Landon se notaba ocupadísimo del otro lado de la línea, seguramente no escuchó bien lo que ella decía.  Le contestó con un rápido—: Señorita, haga lo que considere necesario.
Cochera, BMW, marcha y a tomar presurosa la autopista si quería llegar a horario.  Su jefe inglés, era un obsesivo de la puntualidad.  Debía estar muy molesto por el cambio de planes en cuanto a su arribo, claramente odiaba los imprevistos.
La autopista se encontraba atestada.  Se aproximaba un fin de semana largo y mucha gente huía a mediodía, rumbo a unas mini vacaciones.  Por suerte el auto de Landon era el indicado para esos menesteres.  Picaba de primera, se agarraba en las curvas, respondía a la perfección.  ¡Qué genial era manejar un auto como ese! Dreem era su consentido, pero éste era un auto increíble.
Llegó al aeropuerto de Ezeiza en dos ruedas, estacionó en un segundo sobre la zona exclusiva para descarga, se bajó del auto y corrió hasta el sector de desembarco.
Fernández se agarró la cabeza.  Parado junto a Landon, vieron como el auto de su socio llegaba en el aire estacionándose en una maniobra y a Lucía bajar y correr hacia el edificio, sin percatarse que la estaban esperando en la acera.  Landon con los ojos abiertos a más no poder, miró a su socio y preguntó:
—¿Ese es mi auto? ¿Quién cuernos maneja mi auto?
—Es tu auto, y lo maneja Lucía, tu secretaria.
—¿Ese viento  flaco que considera mi auto como un formula uno, es mi secretaria? ¿Quién carajo la contrató?
—Yo, ¿quién querés que la contrate?  Si no me ocupo yo de esas cosas, vos todavía estabas sin secretaria, y la MÍA seguiría haciendo el trabajo de dos. Esperá con los bolsos, que voy a buscarla y de paso recupero tus llaves.
«Jamás en la vida volveré a dejar las llaves de mi auto al alcance de tremenda loca», pensó Mathew, mientras observaba su auto de arriba abajo, tratando de asegurarse que no tuviera ningún daño.  Al parecer estaba impecable, mas le valía a ésa señorita que su auto estuviera bien.
Mathew se dispuso a manejar rumbo a la oficina, en el asiento del acompañante iba Rodrigo y detrás… la loca.
Rodrigo se interiorizó sobre las novedades en el estudio y luego prendió el audio con intención de relajarse con la música clásica que su socio tenía siempre disponible.
Tan solo prender el equipo, Revolution de The Beatles sonó fortísimo en los parlantes.  Mathew se sobresaltó y Rodrigo no salía de su asombro.  Solo atinó a apagarlo, cuando desde el asiento trasero se escuchó una voz, que muy relajada dijo:
—Perdón es mi MP3, me encanta escuchar a los Beatles cuando manejo.
«Lo que faltaba.  Maneja mi auto como si la corriera el diablo, escucha música como si no tuviera oídos, y encima no se la nota afligida.  ¡Afligida tan solo! afligida al menos»  Durante todo el mes, no hubo objeciones al trabajo de esa chica, porque si no ya estaría buscando empleo.   Algo era seguro, su auto nunca más al alcance de ella, no la dejaría ni olerlo.
El resto del viaje, no se habló una palabra más.
Lucía los observó incómodos.  Había llegado a tiempo a buscarlos al Aeropuerto, por eso no podían estar enojados.  El auto estaba perfecto, de manera que tampoco habría objeciones.  Podía ser por lo de la música; en el estudio se escuchaba música clásica todo el tiempo; pero lo único que podía completar el ronquido de un motor manejado a alta velocidad, eran los Beatles.  Tal vez ellos no lo veían así. 
«Una vez en la vida que escuchen rock no les hace mal, sobretodo a Landon que es tan acartonado, tan… bueno tan como quiera que es», pensó.
Su jefe manejaba bien.   Era correcto, respetaba las reglas y permitía al pasajero un viaje cómodo.  Claro que quién no viajaría cómodo en esa belleza.
Al llegar al garaje del estudio, estacionó perfectamente en su cochera y se bajaron los tres.  Fernández le abrió la puerta, otorgándole su mano para ayudarla.  Ambos arquitectos caminaban detrás de ella y al llegar al ascensor le permitieron pasar primero, como corresponde a caballeros.  Fernández lucía mas tranquilo, se había relajado en el viaje; como era viernes, seguramente su esposa lo pasaría a buscar y juntos se irían con los hijos a su casa de fin de semana.  Landon por el contrario tenía el ceño fruncido, lo conservaba desde Ezeiza.  Miraba hacia la puerta del ascensor sin pestañear siquiera.
En cuanto se sentó en su escritorio, comenzaron a llegar los mails.  “Señorita, por favor, comuníqueme con la inmobiliaria”.  “Señorita, por favor, pídale a Analía el detalle de costos de Caballito”.  “Señorita, reserve cancha de squash en el club”
«Epa, debe estar muy molesto».
Cuando llegaron las cinco de la tarde, Lucía  se despidió por el intercomunicador de su jefe, apagó la computadora, ordenó su escritorio, tomó sus pertenencias y se marchó lista para vivir el fin de semana.  Como Dreem estaría hasta el martes en el service, se paró en la vereda frente a su oficina para esperar el colectivo.
Desde la ventana de su despacho, Mathew observaba a la loca que había estado manejando su agenda y las relaciones públicas y organizativas de su estudio durante el último mes.  Nunca se había fijado en ella.  Rodrigo la consideró apta y para él fue apta;  por cierto, no tenía quejas de su trabajo.  Era callada, no preguntaba tonterías, hablaba perfectamente su idioma, le recordó en el cumpleaños de Rodrigo que debía conseguirle un presente.  En cuanto a lo laboral no tenía objeciones.  Claro que no la evaluó en profundidad, pero si no le había llamado la atención nada, sería porque no había objeciones. 
¡Hasta hoy, claro!, que manejó su auto como si fuera cualquier cosa; como si la estuvieran persiguiendo, sin considerar cuidados, normas…
 «¿Cómo sería la vida de Lucía? ». 
Por primera vez se preguntaba algo personal sobre alguien que trabajaba a su cargo. Tomó su legajo con intención de saber más de ella.
Vivía en Almagro; soltera, 21 años recién cumplidos; sabía inglés y francés; egresada de un colegio muy respetable de Belgrano; huérfana de padres.  Sus contactos ante eventualidades eran sus tíos.  Fuera de su horario, realizaba tareas comunitarias en un geriátrico que entregó de ella excelentes referencias.  Andrea su secretaria anterior, era quien la había contactado con el puesto vacante. En la casilla pasatiempos escribió literatura y automovilismo.
«¡Ah, claro, autos! Es una loca de los autos, se encontró en el mío y se desenfrenó», pensó.
Continuaba frente al estudio, esperando su colectivo.  Le pareció bonita, aunque muy flaca y no muy alta.  Tenía un andar seguro, confiado y algo despreocupado.  Evidentemente era culta y debía haber viajado porque más de una vez lo sorprendió con acotaciones que le hiciera en documentos, que él dejara para su revisión.
Había escuchado a Rodrigo decir de ella que era muy capaz y respetuosa.  Después de verla manejar su auto, comenzaba a dudar del juicio de su socio.  También Leonor había indicado lo agradable que le resultaba.
Lo mejor sería empezar a observarla un poco, no fuera cosa que las tareas del estudio que estaban a su cargo, comprometieran a la sociedad en manos de la loca.
«Tiene 21 años recién cumplidos, es una nena.  Vive sola. ¿De dónde la conocería Andrea a ésta chica? Tal vez eran amigas».  Mientras pensaba, recordó que el próximo día en la noche, era el casamiento de Andrea y él estaba invitado.  ¡Que bodrio tener que ir a una fiesta! no le gustaban las fiestas.  Pero si eran amigas, seguramente Lucía estaría invitada. Era una buena oportunidad para conocer mejor a su secretaria.



El viernes 7 les espero con el capítulo 4.  Ojalá hayan disfrutado.




CAPÍTULO 4

Sandra se fascina, Lucía se encandila



Sábado por la mañana, sin apuros; con el diario sobre la mesa junto al rico y calentito café con leche.  Todo era genial, hasta que el llamado del tío le sacudió la tranquilidad, con una propuesta de las mejores.
—Lucy, prepárate rápido. Nos vamos al campo, tengo todo armado para ir mañana a Rosario a ver el TC 2000.  Me llamó Polo, lleva su auto a competir.
—¡Genial y mas que genial!  Tío sos lo más.
  Sus abuelos tenían un pequeño campo en San Pedro, donde cultivaban cítricos.  Un lugar  reparador, donde vivía su perra, una Border Collie llamada Sor.  Le puso ese nombre porque la compró cerca de la iglesia de San Nicolás y era negra con el pecho y las patas blanquísimas.  La abuela consideraba que no era un nombre apropiado para un perro, pero a ella le pareció el indicado. 
La perra seguramente adivinó la llegada de su dueña, porque ese día se despertó sumamente activa.  Sor ya tenía sus años, y últimamente  no corría tanto como antes.   Lucía y ella solían compartir largas caminatas por el campo a solas, saltando cuanto se pusiera frente a ellas, como inmersas en una competencia.  Por supuesto que la perra ganaba siempre y eso fascinaba a su dueña.  Sor tenía su mismo carácter,  inquieto y seguro, eran iguales.

  En medio del salón, Mathew buscaba a Lucía entre los invitados.  No la había visto en la ceremonia, tal vez llegaría directamente a la fiesta.  Rodrigo y Leonor estaban ubicados en la mesa que les asignaron y se reunió con ellos. 
Sentado junto a él, ubicaron a una amiga de Andrea. Una tal Sandra, que al parecer era médica y no paraba de hablar, centro de mesa por medio, con Leonor.  Era amiga de Andrea desde el secundario.  Leonor se encargó de presentarlos y le pareció que la médica lo observaba constantemente tratando de entablar conversación. 
«Éstas son las cosas que odio de los compromisos sociales.  Si no hablás sos un antipático y si hablás no podés despegarte a los abrojos—pensó–. Andrea no pudo conocer a Lucía en la escuela.  Andrea es mayor.  ¿Seran familiares? ¿Compañeras de gimnasio?  Andrea a geriátricos no va, eso seguro.  ¿De dónde se conocen?»
—De manera que tenemos el gusto de conocer a Lucía gracias a usted—decía Leonor dirigiéndose a la pesada que no paraba de hablar.  
Comenzó a prestar atención.
—Sí, cuando Andrea me dijo que necesitaba un remplazo, de inmediato le avisé a Lucía.   Ella recién se había instalado sola y estaba buscando trabajo.  Lucía es mi mejor amiga, nos conocemos desde chicas, yo nací en  San Pedro y ella pasa mucho tiempo allá en el campo de sus abuelos.  Lamentablemente no quiso venir a vivir a mi casa cuando decidió irse de la de sus tíos; pero le conseguí un PH encantador en Almagro y la verdad que lo dejó re lindo.
La fuente de información que buscaba, estaba justo a su lado.
—De manera que Lucía es amiga tuya y no de Andrea.  Por lo tanto, seguramente hoy no está invitada al casamiento—dijo Leonor con un tono que a Mathew le pareció iba directamente dirigido a él.
No estaba invitada.  Pero la charlatana era su amiga y gustaba de hablar de la vida de los demás con soltura. 


  El rugido de los motores la hacía vibrar.   Un auto potente y bien conducido era comparable a la gloria.  Polo los presentó con su piloto estrella.
Facundo era alto, bien parecido, de ojos marrones muy comunicativos y por lo visto, se había ganado el respeto y confianza de Polo.  Algo le llamó la atención con respecto a ella, ya que ni bien se bajó del podio, la fue a buscar a boxes y la invitó a salir por la tarde.
El centro de Rosario estaba lleno de gente, y no fue fácil conseguir un lugar donde sentarse a compartir un café que permitiera la charla.
El diálogo con él era ameno.  Sabía mucho de motores y prometía una gran carrera.  Su próximo paso era la fórmula uno.  Lucía le contó que corría a manera amateur y eso pareció fascinarle.  Vivía en Recoleta, muy cerca de su casa.  En algún momento se escuchó  aceptar, salir con él  el viernes siguiente.
Ya en la ruta, Luis observaba a Lucía por el espejo retrovisor y María parecía muy ansiosa porque entablara una conversación con su sobrina.
—Facundo tiene el don ¿verdad Lucía?, me encantó como tomó la horquilla en la segunda vuelta.
Lucía respondió a su tío, con un simple asentimiento de cabeza.  Estaba sumergida en su libro.
—Polo está muy conforme, dice que el tipo respeta códigos.  Me parece que lo va a llevar a primera nena, se lo lleva a las ligas mayores —insistió Luis.
—Sí, me lo dijo. El viernes próximo vamos   a salir. Vive cerca de casa —tal vez con la confesión, lograra retomar su lectura sin tantas interrupciones.
Luis y María se miraron cómplices, habían oficiado de celestinos y les había salido bien.

La llamada de Sandra llegó, ni bien ingresó a su departamento.
—¿Dónde te metiste todo el día? —Y sin esperar respuesta, dio comienzo a su relato de la noche anterior:
—Cené con tu jefe.  Mierda… es súper atractivo.  Al principio me parecía un poco pelotudo, porque miraba para todos lados menos a mí.   Pero después cambió y hablamos de todo.  Tiene unos ojos claros increíbles.  ¡BOLUDA ME ENAMORE!
—Sandra vos te enamorás todos los días.  Y sí, tiene lindos ojos, lástima que por lo general me parecen tristes.  Creo que es un tipo muy solitario.
Sandra la interrumpió de inmediato:
—Sí. Mi Lobo Estepario, venga con mamita que lo va a alegrar.  Te digo que es súper inteligente y tenía puesto un traje oscuro que te lo morfabas.  ¿Cómo carajo hacés para pasarte todos los días al lado de él y no comerlo? ¿Lo apretaste contra el escritorio alguna vez?  Te juro que estuve a punto de arrinconarlo contra la mesa delante de toda la fiesta.  La cagada es que no baila, le tiré un par de indirectas, pero no agarró viaje.  Me mató, nena, me mató.
Lucía no paraba de reírse.  Sandra era visceral, impulsiva.  Era raro que le gustara su jefe.  «Es lindo, pero tiene un carácter tan parco que jamás pensé que a Sandra le pudiera atraer».
—Vos me conocés Lucía, sabés que jamás le hubiera dado bola a un engreído, pero es tan lindo, tan grandote.  Creo que voy a tener que tomar cita con la kinesióloga, porque me dejó una tortícolis de aquellas.  En la semana paso por tu oficina, como quien no quiere la cosa, para tenerlo cerca otra vez y ver si logro que me tire onda, porque no me pidió ni el teléfono.   A propósito, preguntó mucho por vos, que cómo eras, si eras responsable, cómo era tu vida fuera de la oficina…  Me parece que tenía la idea de ver cuán amigas somos, para sonsacarte cosas mías en la oficina.
—No Sandra, no vengas a la oficina, no le gusta que se mezcle lo profesional con lo privado, es una de las cosas en las que más hincapié hizo Andrea.  Si está interesado en volver a verte, recurrirá a ella o a mí para generar el contacto.
La cama parecía fría esa noche.  Pensó en Facundo y en el viernes próximo.


El viernes 14, les espero con el capítulo 5.  Espero disfrutaran de éste.  Cariños y gracias por leer.

María Border




CAPÍTULO 5

Un reportero indiscreto



  Faltaba una hora y saldría corriendo a la peluquería.  Su cita con Facundo debía empezar bien desde el comienzo.   Un baño relajante, peluquería, un vestido acorde y lista para esperar que la pase a buscar.  Lautaro, el doctor del geriátrico, le gustaba, pero jamás la había abordado desde otro lugar que no fuera el profesional, y el corredor le había caído bien.  Sería cuestión de conocerlo mejor.  Era joven, soltera, independiente…
—¡Ah bueno, estas increíble! —dijo él, dándole un beso en la mejilla—.  Reservé en Trizia´s.
—Genial, me encanta ese restaurante.  Luces bajas, mesas bien separadas, un lugar ideal para conversar sin interrupciones, en medio de una rica cena.
—¡Lucía!   Sonó como un anuncio de tele.  Agregale un café en mi casa y agarro viaje encantado.
«¿Qué le pasa? —pensó Lucía—, ¿qué entendió de lo que pretendía ser la aceptación del lugar que eligió para cenar?»—. Veremos, no prometo nada.  Soy muy exigente con el café.
Una cena riquísima, pero que había comenzado con el pie izquierdo.  No le gustaban los tipos lanzados.  Primero la indirecta de terminar la noche en la casa de él y después un par de directas haciendo referencia a su cuerpo y a cuánto necesita una “mina” que lo comprenda y respete su carrera.  Había utilizado textualmente, el término: “mina”.  Poco caballero de su parte. No estaba tan entusiasmada ahora, como en Rosario.  
Después el zarpado del fotógrafo que en pleno brindis ni bien comenzaron a cenar, los fotografió y salió corriendo.  Facundo comentó que le pasaba todo el tiempo desde que se enteraron que era el posible piloto de fórmula uno del país.  No paraba de hablar de él, de sus logros, de lo bien que se había conducido en su carrera, de cuánto lo admiraba Polo, del arrastre que tenía ahora con las mujeres.
—No me malentiendas —le dijo—, son minas que se agarran de uno para figurar.
—Sí, me imagino.  Las minas salen con cualquiera, con tal de aparecer en una revista. 
«Tomá, andá a contarle a tu abuela de tu arrastre.  El café se suspendió antes del postre», pensó decidida.
—Te llamo —se despidió Facundo, quien ya se había dado cuenta, que la noche terminaba en la puerta de la casa de Lucía
—Vemos, gracias por la cena, suerte —respondió con frialdad.
j

Rodrigo estaba sentado en el sillón de su despacho, ojeando una revista de actualidad, cuando saltó de repente y  corriendo por el pasillo se metió en el de Mathew.  Al pasar frente al escritorio de Lucía, le dirigió una mirada un tanto peculiar.
—Mathew, no lo vas a poder creer.  ¡Mirá quien aparece en la revista, cenando con Facundo Maurens! —dijo en voz baja, pero lleno de asombro.
—¿Me parece a mí o es Lucía? —Mathew abrió los ojos, tratando de ver con mayor claridad, pero no muy seguro de querer corroborarlo.
—Sí lince, es Lucía.  Pero mirala vos a tu secretaria.  Pica alto, el tipo está a punto de entrar en el jet-set automovilístico.  Tiene muy buena performance, todos le auguran un gran futuro. —Hizo una pausa y prosiguió—: Y bueno, era de esperar, a ella los fierros le encantan y Maurens de eso sabe un toco.  Menos mal que Leonor de bruja no tiene nada. La muy gila pensaba que te estabas viendo con ella a escondidas.
—¡Qué decís animal!  ¿Cómo se te ocurre que yo me puedo enganchar con mi secretaria?
Ok man, take easy! No fui yo, fue la guacha de Leonor, que vive en una nube de pedo y se cree que todo el mundo anda buscando desahogarse.  Y la verdad, salvo que te haya agarrado un ataque de extrema reserva, no estoy enterado de que últimamente te hayas desahogado mucho. ¿Será por eso que andás tan agreta últimamente?
—Salí de mi despacho y dejá a Lucía vivir como le plazca.
¿Qué le ocurría a  Leonor imaginando un interés de él por Lucía?  Lo suyo era exclusiva responsabilidad laboral.  Se había interesado en la vida de ella, con la única intención de asegurarse, que el puesto de secretaria en su despacho, estaba en manos de alguien que lo merecía. 
Facundo Maurens no le caía bien, no le parecía una buena elección para ella.  Era un tipo de poca cultura, para nada ubicado.  Lo conoció cuando remodelaron los boxes de Mar de Ajó.  Una promotora le había dado un fuerte empujón y la situación no parecía hablar bien de él.  Lucía era mucho más mujer de lo que ese tipo se merecía.  Si hubiera pedido el teléfono de Sandra, tal vez podría invitarla a un café y averiguar qué sentía Lucía sobre esto.  Pero… ¿qué cuernos estaba pensando? ¿Aprovecharse otra vez de Sandra, como lo había hecho en la fiesta de Andrea? De ninguna manera. 
Algo le sucedía con Lucía que últimamente estaba muy atento a ella.  Desde su regreso de Bariloche, pensaba en ella.  Si bien antes no se había fijado ni en su cara, ahora conocía hasta sus tiempos para hablar.  Al principio le mandaba mails con indicaciones, y ahora la llamaba al despacho para dárselas, lo que le permitía observarla caminar frente a él.  Desde que Lucía estaba trabajando en el estudio, todos los días tenía un mensaje de buen día cuando llegaba y otro de despedida a la salida.  Lo cierto era que estaba mas tranquilo.  Era verdad lo que decía Rodrigo, últimamente no se encontraba con mujeres.  Con un sacudón, quiso sacarse la idea que le vino a la mente. «¡De ninguna manera me estoy enamorando de Lucía!»

La cena estaba lista.  Pasó largo rato preparándola.  Sus tíos llegarían en cualquier momento, y ella quería que todo fuera de su agrado.  Pollo a la mostaza como le gusta al tío y  peras al chocolate de postre, para agasajar a la tía.
Desde el fin de semana en el campo que no habían vuelto a compartir una mesa y había muchas charlas pendientes.
—¿Qué onda Maurens? ¿Volviste a salir con él? —investigó el tío mientras abría el vino.
—Un tarado de aquellos.   Sabe de autos, pero de mujeres no tiene idea.  Esta tan ocupado con su “yo”  que todavía no se percató que existe más gente en el mundo.  No, no volví a verlo.
—Si ese idiota te faltó el respeto, me lo como ahora mismo.
—Quédate tranquilo Luis, si hay algo que Lucía sabe hacer sin ayuda, es sacudirse a los tarados —dijo muy segura María.
El timbre sonó, Lucía sorprendida se dirigió a atenderlo.
—¿Esperás a alguien muñeca?
—¡Es mi jefe! —dijo absolutamente sorprendida.

Mathew no podía creer lo que estaba haciendo.  Algo lo arrastró hasta la casa de Lucía.  Volvió a recurrir a su legajo y de allí tomó la dirección.   El barrio no era muy agradable, esperaba que ella no acostumbrara a transitarlo por la noche. 
«Ok… ella abre la puerta y yo la invito a tomar un café.  En medio del café le digo queme siento… me siento… intrigado.  Que no me gusta mezclar las cosas y por eso no le dije nada en el despacho, pero que luego...»
Lucía abrió la puerta—: Señor, buenas noches ¿ocurre algo? Pase… estaba cenando con mis tíos.  Si no está apurado puedo poner un lugar para usted en la mesa.
¡Los tíos!   Todo para atrás.  Tenía que encontrar una excusa urgente.   Recordó que en su campera traía un pen drive con los memorandos que había preparado Lucía y estaban a la espera de su corrección. 
«EXCUSA LISTA», pensó aliviado.
—Disculpe Lucía.  Buenas noches... Mathew Landon, el molesto arquitecto del estudio donde trabaja su sobrina —se presentó mientras buscaba con la mirada una silla donde sentarse.
Preocupada intentó averiguar, qué lo había traído hasta su casa un viernes en la noche.
—Disculpe, lamento muchísimo la intromisión.   Mi locura no me permitió darme cuenta que usted tiene vida privada fuera del estudio.  Pero es que… los memorandos que preparé, tienen una serie de inconvenientes y es urgente que salgan hoy para que en el sur tengan tiempo mañana a chequearlos, y el lunes dispongamos temprano  de la respuesta.  Lo siento muchísimo… —dijo ahora dirigiéndose a los tíos que lo miraban estudiándolo de arriba abajo.  Sobretodo Luis—.  Sucede señores, que soy un completo asno tratando de ser cortés en mis escritos, y la verdad, Lucía resulta por demás encantadora para la gente del sur.   Estamos atrás de un proyecto en Villa la Angostura, que nos tiene completamente tapados de trabajo desde hace medio año —hasta él podía darse cuenta, que su excusa era demasiado extensa y detallada, pero no podía evitarlo—, y ahora nos encontramos  en la etapa final de ajustes, antes de que acepten por completo.
Jamás lo había escuchado enlazar tantas palabras juntas y en castellano.  De pronto fuera de la oficina, su jefe era sociable.  Le parecía que la tía lo miraba de manera extraña, en tanto el tío,  le estaba sacando la radiografía con Doppler y todo.  Había que levantar el pie del acelerador; esos dos se estaban haciendo una idea equivocada de la situación.  El arquitecto estaba como loco últimamente con el proyecto.  Sin ir más lejos, en la semana, Fernández entró al despacho de Landon con una revista en la mano, y los dos discutieron.  No había pasado ni un minuto de eso, que Landon ya pedía reserva en la cancha de golf.
—Por favor tome asiento aquí —ofreciéndole un lugar en la mesa, en tanto le sirvió un plato de comida y una copa de vino—.  No se preocupe arquitecto.  Cenemos tranquilos y después buscamos la manera de concluir el trabajo a su gusto y lo enviamos ésta misma noche.
La verdad que bastante desconsiderado.  Había estado preparando la cena con tantas ganas, y ahora la tenía que compartir con él.  Incluso había alquilado “Orgullo y Prejuicio” para ver con María ésa noche y al día siguiente con Elena en el geriátrico.  No le importaba darle una mano con el tema, después de todo jamás le había pedido nada fuera de su horario de trabajo, ¿pero justo ese día tenía que ser?
—Dígame arquitecto ¿Hace mucho que está radicado en Argentina? —preguntó el tío.
—Hace cinco años, más o menos.  Me encanta éste país —contestó amablemente, mientras saboreaba el pollo y se preguntaba si lo habría cocinado Lucía, porque de Delivery no era.
—¿Está casado o separado?
Lucía se ruborizó, parecía un interrogatorio.   Primero el tío y después la tía.
—Ni lo uno ni lo otro.  Soy bastante solitario.  Estoy tan absorto en mi profesión, que tengo poco tiempo para sociabilizar.
—Vamos a tener que dejar la película para otro día tía, de cualquier manera ya la conocemos de memoria.  Si estás muy entusiasmada con volver a verla, podés venir mañana conmigo, le prometí a la Sra. Elena que la veríamos juntas —Lucía intentó cambiar de tema indicándole a su tía que se estaba pasando de la raya, que la cena terminaba, que se tomaban el café y “casa, casa, cada uno a su casa”
—Les pido perdón nuevamente, ¿Qué planeaban ver?
—Orgullo y prejuicio, mi sobrina y yo somos fanáticas de Jane Austen.
Elizabeth y Darcy—exclamó Mathew.
¿El jefe era romántico?  Conocía la historia.  Demasiadas sorpresas juntas.
—Descuento que le gustan los clásicos señor, ya que en su despacho hay muchísimos, pero no me imaginaba que Jane Austen fuera de su agrado —Lucía estaba sorprendida.
—Tengo una hermana, que en su adolescencia me torturó con Austen.  Vivía todo el día prendida de sus libros.  Me gustaba molestarla con eso y alguna vez le mandé flores con dedicatoria  a Mrs. Darcy.
Tenía una hermana.
—¿Dónde vive su hermana Mathew? —preguntó la tía.
—En París.  Terminó sus estudios en la Sorbona, es  periodista y ahora trabaja para  Le Monde.  Lucía, esto está exquisito, ¿de dónde es? —refiriéndose a la cena, que en verdad estaba disfrutando mucho.
—Lo preparó Lucía.  Yo la quería como chef en mi hotel, pero ella dice que no se anima a preparar sus platos en cantidad.  Aunque la muy ladina, más de una vez cocinó para sus amigos del geriátrico.
—Es distinto. Una cosa es preparar una cena para amigos, y otra para gente que paga por el servicio —decía Lucía, mientras levantaba los platos de la mesa y su tía disponía todo para el postre.
—¿Tiene amigos en un geriátrico Lucía?
—Sí, gente encantadora, suelo verlos a diario.  Les leo y los ayudo con alguna que otra cosa.  Ahora están preocupados por una reforma.  Quieren agregar un piso a la estructura y yo estoy interesada en que incorporen una biblioteca más grande en el salón.
—Bueno, hagamos un canje entonces. Usted me ayuda hoy a mí con los documentos, y mañana la acompaño al geriátrico, a ver qué se puede hacer —era una buena idea para seguir observándola de cerca.
«¿Me parece o el arquitecto le está tirando onda a mi sobrina?», intentó preguntarle Luis a su mujer con la mirada.  
María se hizo la desentendida.  Estaba segura que el arquitecto la miraba con ojos distintos a los de un jefe. Pero Luis no debía enterarse, o arruinaría todo con su intromisión.   No estaba muy segura, si no había sido el apresuramiento de Luis en conocer a Lautaro, lo que había hecho que éste, jamás intentara una relación más intima con su sobrina, por más que ésta daba muchas muestras de encontrarse bien dispuesta a permitírselo.  Seguramente le presentó a Facundo, porque estaba seguro que no tenía chances.  Esta vez la celestina sería ella y el trabajo lo haría sola.
—Me dijo Lucía que hay otro arquitecto en el estudio y que ustedes son muy amigos —intentó María cambiando de tema.
—Sí Rodrigo Fernández.   Su madre es británica e íntima de la mía.  De chicos nos visitaban mucho ya que el haras de su padre le vendía al de mi padre.  No sé si la nuestra es una amistad heredada, o propia —dijo sonriendo y seguro que hablaba más de la cuenta,  incapaz de encontrar el lugar que le correspondía en esa cena.
—¿Caballos?  Me encantan, Lucía los odia, de chica se cayó de uno y no volvió a intentarlo —Luis se burlaba siempre de ese terror de su sobrina.  Era raro que siendo una chica sin temores aparentes, con los caballos no había podido.
—No les temo, solo que no me llevo bien con ellos.
—Lucía, los caballos son seres increíbles.  Hay que saber respetarlos.  Un caballo al que usted cepille, acaricie y no golpee,  jamás la dejará de a pie.  Cuando puedo, paso mucho tiempo recorriendo el campo a caballo.   Con Rodrigo, de chicos nos escapábamos y nos creíamos “Caballeros del Rey Arturo”.
La cena se estaba complicando. Lucía no parecía demasiado diferente, pero María ya tenía en los ojos esa mirada pícara y Luis pensaba: «Si éste ingles está pensando en levantarse a mi sobrina, no seré yo quien se la entregue así en bandeja».
—¿Qué les parece si mientras María lava los platos, yo preparo café y ustedes revisan los documentos del estudio?— se despachó Luis con una mirada que Mathew comprendió sin dudar.
—Por supuesto, tal vez terminemos rápido y su tía y usted tengan tiempo de ver la película.  Eso me haría sentir menos culpable.


Gracias por leer.

El viernes 21 de Diciembre  el capítulo 6.




CAPÍTULO 6

EL geriátrico



Le había encantado la cena.  Las dotes de Lucía en la cocina eran espectaculares.  Según le dijeron los tíos, la abuela, que al parecer elaboraba los dulces caseros más famosos de San Pedro,  había sido su maestra.
Los tíos resultaban agradables. Esperaba no haber formado en Luis, una mala impresión.  Por momentos le pareció que lo observaba como aclarándole que no se metiera con su sobrina.
Lucía le daba vueltas en la cabeza.  Se la veía tan linda en jeans,  remera, y el delantal que se quitó rápido cuando lo vio en la puerta.   Toda ella estaba rodeada de cosas agradables.  Su casa era más que pequeña, pero cálida.  Había detalles familiares por todos lados.  Recuerdos, fotos, una biblioteca muy selecta. 
Una de las fotos llamó su atención. Lucía estaba sentada sobre el pasto en el campo, con las piernas entrecruzadas, una perra tirada a su lado, con las patas delanteras en el regazo de su dueña que miraba absorta el atardecer.  Había magia en esa foto.  La tomó el abuelo, aficionado a la fotografía, sin que Lucía se diera cuenta.  Todos acordaron que era una toma sumamente artística y su secretaria acotó que era su foto preferida. 
Estaba rumbo a cumplir su parte del canje.  Parado frente a la puerta del geriátrico.  Una casona inglesa muy señorial de principios de siglo.  Lucía no había aceptado su invitación de pasar a buscarla, porque iría temprano para ver junto a alguien la película,  y combinaron encontrarse directamente allí.
Lo recibió invitándolo a pasar.  Recorrieron el lugar junto a uno de los dueños, el doctor Lautaro Román.  El tipo recibía de Lucía miradas diferentes.  Eso no le gustó, es más, lo incomodó.
—Lu —le decía el doctorzuelo—, necesito que vengas mañana, hay un tema sobre los libros que estas escogiendo para los muchachos, que quiero que charlemos.
«Mentira —pensaba—, está tratando de buscar excusas para tenerte a solas con él.  Idiota, la tiene agarrada por el lado de los viejitos.  A ella debe parecerle muy tierno el tipo éste, en cambio yo… solo hablo de trabajo».
—Hola soy Elena, ¿usted es el jefe de Lucía verdad?  Lucía me dijo que tratará de dar una mano con el tema de la ampliación.  Me imagino que en esos asuntos el arquitecto se dedica a hablar con los inversionistas sobre lo que ellos necesitan —Elena hizo una pausa y continuó—. En realidad yo creo que deberían hablar también con nosotros, que en definitiva somos quienes vivimos  aquí.  Le dije a Lucía el otro día, que nos gustaría un ambiente con mucha luz y un hogar a leños donde poder ver la tele o jugar al ajedrez.  Entre nosotros… —comentó en voz baja— el espacio que tenemos ahora asignado es muy oscuro y medio triste.  Lucía trajo algunos adornos, pero igual…
Elena era una vieja bajita, tenía que encorvarse para poder mirarla mientras la escuchaba.  Su aire era de abuela que en su juventud, habría sido muy coqueta.
—Señora, es absolutamente imprescindible, que quien realice la reforma, converse con todos ustedes y sepa plasmar en el proyecto, sus necesidades y gustos. De lo contrario tendremos ambientes desprovistos de razón.
Elena le guiñó un ojo y se sentó frente a él, mostrando con su mano que esperaba se sentara a su lado un rato.  Lo hizo.  La mujer era cálida.
—No le preste atención a mis ojos arquitecto, es que Lucía trajo una película encantadora y lloramos un rato largo por la emoción.  Ella es joven y se recupera rápido de eso, pero a mi edad… las emociones duran más.
—Estoy al tanto Señora, Lucía comentó que vería con usted un clásico de Jane Austen.  Le dije ayer que era el libro preferido de mi hermana.  La señorita Lucía le tiene mucho aprecio ¿son parientes?
—Para nada.  Lucía es un ángel que nos visita.  Nos lee, porque algunos de nosotros ya estamos un poco vagos para eso —comentó en voz baja, para no herir la susceptibilidad de algún compañero—.  Sus libros nos transportan. Al señor Pedro le lee en francés, ahora están con el dichoso Rousseau.  No lo puedo creer, existiendo la posibilidad de leer cosas más románticas, pierden el tiempo con Rousseau —de pronto cambiaba de tema—: Trate bien a Lucía arquitecto, es una buena chica que todavía no encontró su horizonte.
Elena se levantó y se fue, luego de la recomendación.  Él habló con casi todos los huéspedes.
—¿Ya tiene lo necesario arquitecto?
El tipo le hablaba a él, pero traía a Lucía tomada por el hombro.  «Primero soltala y después te contesto».  Pero la que se soltó con delicadeza fue su secretaria.
Salieron del geriátrico y Mathew comentó que en la semana regresaría para presentar un boceto.
—Muchísimas gracias arquitecto.  Entiendo que el estudio se encarga de obras de otra envergadura, pero realmente estas personas necesitan mejorar un poco su vida y todo ayuda.  El doctor Román y su equipo hacen un estupendo trabajo, pero no todo es medicina.
—La alcanzo a su casa — no se dio cuenta que sonó como orden, todavía estaba molesto con el gesto del bracito en el hombro del Lautaro ese.
—De ninguna manera, traje mi auto, me voy a encontrar con una amiga a tomar el té, muchas gracias.
Se subía a un Volkswagen antiquísimo, cuidado sí, pero antiquísimo.  Él le ofrecía subir a su auto, cuando había jurado que no volvería a permitírselo y ella se subía a un cacharro de época.   La vio alejarse manejando segura, pero rápido.  «¡Será posible que ésta chica no sepa lo que es la prudencia al volante! »


Espero les haya gustado.

El viernes 28 tendrán el capítulo 7.

Gracias por leer.




CAPÍTULO 7

Revelación



Lucía entró a casa de Sandra, llorando muy alterada.
—¿Nena qué te pasa? Entrá sentate por favor, contame.
—Sandra no lo vas a poder creer, estoy destruida —dijo entre llantos—.  No sé quien soy, no me reconozco, no puedo entender lo que me pasa.
—A ver Lucía, por favor tomá un poco de agua, explícame tranquila.
—Llevo meses sintiéndome atraída por Lautaro.   Atraída porque es un tipo bueno, cálido, sexy.  Pero desde ayer a la noche que no sé qué cuernos me pasa, y encima hoy todo empeoró.
—Vamos a hacer una cosa, primero decime si ese idiota te lastimó, porque si te lastimó ya no voy a querer seguir escuchando y rajo a cagarlo a trompadas, lo saco de la sociedad médica, no vuelve a trabajar en su vida…
—¡No!, nada que ver—interrumpió Lucía—. Meses observándolo comunicarse con la gente, la manera en que me miraba, y jamás pasamos de tomar un café, hablando solo del geriátrico.  Y justo hoy que voy con el arquitecto,  me propone salir a cenar.
—¿Qué fuiste con quién al geriátrico? ¿Para qué cuernos quiere ir el bombonazo a ver a los viejos?  Llevas tiempo atrás de Lautaro ¿y ahora te jode que te invite a cenar?  ¿Qué pasa, te agarró rechazo a los postres?
—No seas grosera, déjame contar… como puedo.   Ayer en la noche vinieron mis tíos a cenar y antes de sentarnos a la mesa, cayó mi jefe.
—¿Qué? ¿No era que ese tipo no vinculaba con el personal? ¿Qué quería?
—Había unos escritos que tenían que llegar hoy al sur.  Tenían errores y había que corregirlos.  Ya sabés  que él no se lleva bien con la redacción en castellano, y vino a casa para solucionar el tema.  La cosa es que cenamos los cuatro y se la pasó hablando con los tíos.  Fuera de la oficina es una persona diferente, agradable.  Como hablaba con ellos, pude observarlo.  Los ojos se le iluminan cuando habla de su infancia  y de sus afectos; tiene una sonrisa conmovedora, un andar masculino, un perfume… —observó a Sandra, y por su cara, consideró que sería mejor evitar ciertos detalles—.  No podía parar de mirarlo.  Me pasé toda la noche pensando en él y sentí que se me salía el corazón con la sola ilusión, de que no tenía que esperar al lunes para volver a verlo.
—Continuá—. Sandra ya le había puesto moño. La nena se había enamorado del bombonazo.  «Pero el bombonazo es engreído y muy parco.  De cualquier manera ningún jefe te molesta un viernes en la noche por un tema de laburo.  Si los papeles tenían que estar sí o sí el sábado en el sur, no se le habrían pasado por alto hasta última hora.  Puede ser despistado, pero no boludo.  El jefe había ido a indagarla, seducirla.  No existían dudas al respecto».
—Hace un tiempo que Landon cambió en la oficina.  Ahora me llama por mi nombre, aunque no perdió el “señorita”.  Desde un día que tosí en su despacho, cuando quiere fumar sale al balcón.  Más de una vez lo observé mirándome.  Cuando ayer cayó en casa, al principio pensé que venía con otras intenciones; pero venía por laburo.  Le comenté la reforma del geriátrico y propuso un canje, que él pasara hoy por ahí a ver si podía dar una mano a cambio de mi ayuda de ayer.
—Razonable —No podía creer que a Lucía le cerraran sus propias palabras.  ¿Era tonta o estaba tan enamorada que no veía lo que tenía ante los ojos?
—Hoy en el geriátrico todo parecía sobre los mismos carriles que anoche.  Pero en algún momento, su cara se endureció y era como si una muralla de plomo nos separara.  Para colmo, cuando estoy en medio de tremendo intríngulis, Lautaro se entera que existo y me invita a cenar.
—¿Qué le contestaste?
—¡Que sí!  Llevo meses esperando éste momento.  Y ahora no sé qué hacer.  Voy re mal predispuesta a la cena y no podré volver a ver a mi jefe a la cara sin delatarme.  Sandra ¡Pensé que venía a verme a casa, porque le gustaba!  ¿En qué cabeza cabe?
—Según yo veo las cosas; que de esto entiendo largo y tendido…  Primero te voy a traer un té de yuyitos que te va a relajar.  Segundo vas a irte a tu casa, vas a darte un baño de inmersión  y te vas a vestir para una cena donde todo el mundo se dé vuelta  para ver quién es la diosa.  Lautaro te va a ver en otro ámbito, sin los viejos de por medio, vestida para matar, y tratará de avanzarte.  Recién cuando eso ocurra vas a tener más en claro, si te sigue gustando o si no pasa nada.  Hasta no tener seguro eso, no conviene investigar qué te pasa con el arquitecto.
—No sé qué me gusta.  Ya no sé nada—sollozaba.

…………..


La pasó a buscar puntualmente.  Le abrió la puerta del auto y la ayudó a sentarse.  En el camino le dijo lo contento que estaba porque hubiera aceptado la cena.
Ya en el restaurante todo era más o menos como soñó que sería.  Era caballeroso, conversaba pausado, esperaba sus acotaciones, se enganchaba en sus temas.  Realmente quedaba muy sexy en ropa informal, estaba acostumbrada a verlo siempre con el guardapolvo de médico y corbata.  Para el postre, comenzó a avanzar:
—Lucía, llevamos tiempo de conocernos, y la verdad que los requerimientos del geriátrico son tantos, que casi nunca tuvimos la oportunidad de hablar de… nuestras cosas personales.  Yo soy separado, no tengo hijos y sé que sos soltera.  Espero que no te tome por sorpresa lo que pienso decir, pero realmente me siento muy atraído por vos… por tu forma de ser.  La verdad es que… me resistí bastante a esto, porque te vi tan… chiquita… pero ya no quiero seguir postergándolo y me encantaría conocer tu opinión.
Meses esperando ese momento y ahora no sabía qué decir.
—Lautaro, te agradezco mucho la propuesta.  La verdad me sorprende.  Sos un tipo muy atractivo y me encantaría estar más segura de mi respuesta.  Te propongo conocernos más desde otro… ángulo —¿Ángulo? ¿Había dicho ángulo?  Seguro había palabras mejores que esa.
—Me parece lógico.  Tengo que decirte que presuponía que estábamos en la misma frecuencia, pero debe ser defecto profesional. Los médicos nos creemos irresistibles.
Se rieron y la noche continuó su curso entre charlas animadas y un par de cafés largos.
La llevó a su casa.  En la puerta, le acarició la mejilla— Somos grandes, pero vamos a ir despacio.
La besó suave y Lucía respondió el beso con ganas.
—Que descanses Lucía, mañana tengo guardia en el hospital, te llamo el lunes para cenar.

Lo había pasado genial.  Lautaro era maravilloso y besaba… despacito.  Un tipo responsable, sociable, comprometido con la sociedad, sexy.  Todavía sentía el calor en su boca, sin embargo no había podido sacarse de la cabeza a su jefe en toda la velada y en lugar de seguir disfrutando el sabor del beso de Lautaro, se preguntaba cómo besaría Mathew.


Como siempre, espero les guste el capítulo de hoy.
El viernes 4 tendrán el Capítulo 8.
Feliz año a todos, nos reencontramos en el 2013.
Cariños.
María Border




CAPÍTULO 8

Dilema



  Entró esa mañana  a la oficina realmente confundida, preguntándose si lo mejor no sería renunciar y alejar de su mente, a éste jefe que le había creado dudas incomprensibles sin ningún sustento.  Ella y Sandra pasaron todo el domingo tratando de desentrañar su corazón, sin éxito.  Para colmo su amiga insistía que si con los besos de Lautaro no se había olvidado de Mathew, era porque algo olía mal.

—¡De ninguna manera arquitecto!, yo no voy.  Ya lo sabe, a mi no me suben a un avión ni que me  rueguen.
La voz de Adriana reclamándole a Fernández dominaba todo el estudio.
Giró y se encontró con su jefe.
—Buen día Lucía, la estaba esperando.  Varias cosas para decirle.  Ayer pasé por el geriátrico, tomé nota de algunos requerimientos de los huéspedes y de los dueños. Anoche bosquejé una idea que ya tienen los dibujantes para pasar en limpio.  Por otro lado, recibimos respuesta de Villa la Angostura. Necesitamos salir ésta tarde sin falta para allá a firmar los contratos.  Rodrigo y Adriana están terminando de armar las carpetas.  Necesitamos un gran favor —hizo una pausa y la miró a los ojos casi rogando su respuesta afirmativa—Necesitamos que viaje con nosotros.
—¿Dónde van ustedes? —la voz de la mujer de Rodrigo se escuchaba desde el pasillo.  Su esposo ya estaba junto a ella levantándola en andas. Feliz, contándole que Villa la Angostura era un hecho.
—Necesitamos de su servicio Lucía, habrá un sinfín de retoques que hacer y cosas que acomodar, que con usted aquí y nosotros allá serán interminables.  Comprendo que no le avisamos con tiempo, pero realmente no creíamos tener una respuesta tan concreta el día de hoy.  Sólo serán dos días.
¡Al sur con él, sin Lautaro!  ¿Qué diría Lautaro? Era muy peligroso.  No podía aceptar.
—Me alegro de la buena nueva, señor.  Comprenda que no estaba preparada para el viaje y necesito consultar primero algunas… cosas antes de contestarle.  Por favor no tome a mal mi respuesta.
Mathew sintió que no podía ocultar en su cara la bronca.   «¿Con quien mierda tenía que consultar?» 
—¡Qué inconveniente Rodrigo, justo hoy!  ¿Te olvidaste del estreno de Manucha? Es su primer concierto en el Colón, no te perdonaría que no estés allí —dijo Leonor.
Manucha, la hermana de Rodrigo, pianista-concertista, daba su concierto en la noche.
—Mierda,  flaco van a tener que ir sin mí, me junto con ustedes mañana.
—Lucía por favor, necesito su respuesta lo antes posible, hay que hacer las reservas, si usted no va tendré que arreglarme solo.  Adriana le tiene pavor al avión, ni por todo el oro del mundo irá —Landon estaba visiblemente apurado.
—Voy a… tomar las reservas ahora señor.
Llamó a su tía y le explicó sobre el imprevisto viaje.  María iría a su departamento  a prepararle un bolso con lo necesario para los dos días en el sur y se lo enviaba a la oficina en un taxi.  Le avisó a Sandra por mensajito.
 Luego llamó a Lautaro.  Con un poco de recelo le comentó del viaje.  Se mostró muy tranquilo, entendiendo que ésas cosas pasaban en ese tipo de trabajos—: Villa la Angostura es un sueño Lucía. Lo vas a disfrutar, en tanto y en cuanto tu jefe te dé unos minutos de paz.  Traé chocolates, y dulces caseros, la zona se caracteriza por eso.  Un beso chiquita.
Los taxis trajeron los bolsos de ambos.  Rodrigo los llevaba al aeropuerto.  En el avión casi no cruzaron palabra, ambos estaban enfrascados en sus notebooks, trabajando apurados, antes de llegar.  Después de todo, el viaje no era tan largo y de esa manera se ahorraban hablar. 
 Sin embargo su jefe se tomó la licencia de preguntarle si era con el doctor Román con quién había hablado antes de decidirse.
La sorprendía a cada rato.  Cuando le comentó del viaje, no le pareció que en su expresión se percibiera nada ajeno a lo laboral.  Sin embargo le había preguntado por Lautaro.  La pregunta era impropia de un jefe.

¡Villa la Angostura! un sueño, como dijera Lautaro.  Un pueblito entre la montaña y el lago Nahuel Huapi, que parecía robado de un cuento.  El hotel era una suma de cabañas frente al lago.  El arquitecto y ella tomaron dos contiguas.
La reunión con los empresarios del sur marchaba viento en popa.  Ellos correctos y el arquitecto manejándose con soltura. 
A mediodía, hicieron un alto para almorzar.
—¿Qué opina del sur Lucía? —el empresario intentaba entablar una conversación con la secretaria mientras disfrutaba de un sabroso salmón ahumado.  Le impresionaba bien Lucía.  Debía encontrar la manera de anotarla en las filas de su empresa.
—El sur es un gran misterio.  Me encandila con su naturaleza y me… atrae.  Es muy difícil alejarse de él. Irradia tranquilidad y belleza. Pero en el fondo de mí, le tengo un inmenso respeto.  Le temo porque siento que si se lo propone, puede llegar a anularme.
Mathew la escuchaba boquiabierto al igual que el resto de los comensales.  ¿Hablaba del paisaje o hablaba de alguien?  Por fin el silencio se rompió y el empresario, mirándola detenidamente le retrucó:
—Jamás se me hubiera ocurrido tal definición sobre mi tierra.  Tiene razón en su misterio y nadie discutiría la belleza.   Atrae, seguro que atrae, pero jamás me provocó temor.
—La naturaleza esta tan presente aquí —continuó Lucía—, que una hormiga es más grande y tiene más voluntad que yo.  Me reduce a tan insignificante presencia, y precisa tan poco de mí para ser magnífica, que quien la haya creado, seguramente  lo hizo, con la intención de reducir nuestras extravagancias y despojarnos de toda soberbia.
—¿Y eso le produce temor Lucía?
—Eso nos debería producir terror.  Nos  creemos los elegidos, no soportamos que nos ignoren y con éste paisaje,  no se compite.   La belleza es imposible de igualar.  Acá solo se puede completar la creación con luz interior.  La gente que decide vivir aquí, debe comunicarse desde el corazón, si no quiere verse reducida a la nada.
…………..
Casi no tuvieron oportunidad de estar solos durante todo el día con tanto trabajo. 
¿Por qué diría eso Lucía? El día había sido estresante; una negociación tras otra, tirones, números y cambios de último momento.  Su mente trabajó tanto que no había tenido tiempo de contemplar el paisaje.
—¿Está cansada Lucía? ¿Tiene ganas de ir hasta Bariloche a cenar, o prefiere que cenemos aquí?
—No tengo problema señor. Usted conoce más el lugar, para mí es lo mismo.
—Ok, cenemos  acá, es mas tranquilo.  Digamos… ¿en una hora?
Tomó un baño caliente, el sur era muy frío.  Abrió su bolso para seleccionar un par de jeans y un sweater bien abrigado. 
«¿Qué cuernos pensaba la tía que yo venía a hacer en el sur?   Solo empacó ropa sugestiva, hasta el camisón.   Está loca de remate y yo me voy a morir de frío»
Mientras pensaba, vio por la ventana a su jefe, parado frente al lago, de espaldas a ella.  Abrigado con una campera de nieve, admirando la imagen. Solo, tranquilo, alto, sensual.  No estaba segura de porqué había contestado al empresario tan sinceramente, tampoco estaba segura de lo que ellos habían entendido,  pero se sentía muy chiquita allí, muy desprotegida, sin dominio de su voluntad.   ¡Dios! estaba muy perturbada.
…………..
Llamó a su puerta con seguridad.  Lucía era la mejor de las secretarias, lo había hecho quedar muy bien  con los empresarios, se los había metido en un puño.  Ahora era su turno de ver si lo que la aterraba era el paisaje o él.  El doctor ya había avanzado, sino Lucía no lo hubiera consultado sobre el viaje.  El idiota le había ganado de mano, era su turno de comenzar a ponerle trabas en la rueda.  No pensaba dejar que Lucía se le escape, con tanta facilidad.

El capítulo 9 estará con ustedes el viernes 11 si Dios quiere.

No tengo que decirles que Lucía y Mathew tendrán una

cena a solas en de un paisaje de ensueño...

Cariños 

María Border




CAPÍTULO 9
Reducidos a la nada



Todo parecía complotado en su contra.  El restaurante del  hotel tenía las paredes revestidas en troncos de madera; los hogares a leña brindaban calor y las luces tenues  enfocadas a cada mesa, el clima intimista.  La mesa que les asignaron, estaba junto a la ventana.  Fuera, la luna se reflejaba en el lago, dibujando la silueta de la montaña.
  El arquitecto la ayudó con el abrigo, mientras el mozo le acercaba la silla para que se siente.  Llevaba un pantalón de  jean muy ceñido a su cuerpo, un sweater beige con escote y una chalina en tonos tierra.  El cabello todavía mojado, caía sobre sus hombros.  Levantó la mirada y lo vio.  Se había sacado la campera.   Lucía sintió como una corriente le recorría el cuerpo.  Pantalón negro de corderoy, camisa al tono con los dos primeros botones sin abrochar, que dejaban ver en su pecho, algo de vello.  No sabía si era el lugar, las luces, la situación, el frío del exterior, o el perfume que le había sentido cuando la ayudó con el abrigo; pero no paraba de temblar y, para su desgracia, él lo notó.
—¿Todavía tiene frío Lucía?, la temperatura aquí dentro es muy agradable —dijo, mientras colocaba su mano sobre la de su secretaria, como intentando encontrar la respuesta a su pregunta, pero sin negar la intención del acto.
Retiró su mano casi con brusquedad y, usando la servilleta como excusa, se dispuso a acomodarla en su falda.
—Mi tía no comprendió bien qué ropa debía colocar en el bolso, y acá la temperatura es muy baja.  Ya me aclimataré, todavía no es invierno.
«Estamos cansados, cenaremos rápido  y, me iré a mi cuarto.  Mañana llegará Fernández, el trabajo no nos dará respiro y ésta situación no volverá a repetirse.  Solo tengo que mantener la calma, y no bajar la guardia ni un segundo», pensaba, con el menú frente a sus ojos, pero sin poder leer nada de lo que estaba escrito.  Comenzó a sentir la temperatura del lugar.  Sin darse cuenta de lo que provocaría en su jefe, se quitó la chalina y la depositó junto a su abrigo.
«La tía María es una genia.  Está de mi lado», se dijo Mathew.  El escote de Lucía podía leerse tras el sweater que ahora, sin la chalina, dejaba todas sus curvas expuestas.  Ni que hablar de la imagen que le regaló el jean antes de sentarse.  La luz la beneficiaba aún más, la piel de Lucía era clara, casi transparente, sus ojos marrones grandes y vivaces, el pelo ondulado en cascada sobre su espalda y sus manos de dedos largos y finos que se movían con cuidado, casi bailando.
—¿Qué tal una fondue Bourgiñon? —propuso.
—Me gusta, pero tal vez usted prefiera comer algo más sencillo y rápido —rogó Lucía, que sabía que ese plato invitaba a la conversación.  Entre pinche y pinche cocinándose, no quedaba más que hablar y ella quería terminar rápido con esa noche.
—De ninguna manera, la fondue de aquí debe ser exquisita, y después del día que tuvimos nos merecemos algo tan satisfactorio como eso. —Ordenó la cena con un Rutini para acompañar.
—No acostumbro  hablar de temas personales, pero me encuentro intrigado —dijo haciéndose el distraído, mientras retiraba su pinche—.  La persona a quien llamó antes de decidir si venir o no, ¿era el doctor Lautaro?
¡Por favor no! Que no le hiciera eso.  ¡POR FAVOR!
—Si.
—No sabía que tenías novio —ahora la tuteaba, sumando intimidad.
—No le pondría el mote de novio —se arrepintió ni bien se escuchó diciéndolo; de manera que, con intención de aclarar, agregó— al menos no todavía.
—Creí que tenían una relación casi laboral.  Cuando me lo presentaste ni siquiera dijiste que fueran amigos.
—Cuando los presenté solo teníamos en común el interés por el geriátrico y su gente.
—Entonces, es… sumamente reciente.
Había que dar por terminada la conversación.
—Llevamos mucho tiempo trabajando juntos con los viejitos.    Es un hombre agradable y solemos tener conversaciones muy amenas sobre los intereses del lugar.  Somos jóvenes, libres, es lógico que nos sintamos atraídos y desde el sábado en la noche estamos intentando conocernos mejor y desde un lugar más…
—Más íntimo —se alarmó él mismo de la bronca con que emitió esas palabras.  Lucía se sorprendió.
—Sí. ¿Y usted señor? ¿Está en pareja? —hizo un gesto involuntario con la boca, reprochándose a ella misma la pregunta que acababa de formular.
—No, no tengo tu suerte —respondió frío y molesto viendo que ella no aceptaba ni siquiera tutearlo.
La conversación se interrumpió y continuaron con temas laborales.  Arreglaron la agenda del día siguiente. Seguramente en Buenos Aires, se sucederían días largos proyectando y formalizando todo antes de comenzar la obra.     Lucía había programado que alguien  recogiera a Rodrigo por el aeropuerto en la mañana. 
Era él quien  llamaba al celular de Mathew.
—¡Hey! ¿Qué tal la concertista? ¿Cómo fue todo?... Me alegro mucho, mandale un beso grande ¿Recibió mis flores?... Genial. ..Nos vemos mañana Rodrigo, Lucía ya organizó quién te va a buscar…  Buen viaje.
—¿Un éxito verdad?
—Sí, la hermana de Rodrigo es una dotada —y dirigiéndose al mozo—: Otro café y la cuenta por favor. Perdón ¿querés alguna otra cosa? ¿Una copa?
—No, el café esta bien.  Mañana me levanto temprano, prefiero no demorarme más.
No la estaba demorando.  Lo ponía furioso.  Estaban cenando juntos.  Una cena estupenda, un lugar increíble, una noche hermosa que ella consideraba un trámite.  No dijo más, tomaron el café, pagó la cuenta, se calzaron los abrigos y salieron rumbo a sus cabañas.
La noche era un sueño, el viento había cesado.  Sin darse cuenta, eran las dos de la mañana y el lugar estaba desierto. Lucía trastabilló con el taco de su bota, que se clavó en las piedritas de la orilla del lago y él la sostuvo firmemente por el codo.
Sentir su mano segura a través del abrigo la estremeció, mucho más que el beso de Lautaro.  Giró para mirarlo y se encontró con sus ojos claros, seguros, tiernos.
No aguantó la situación y salió corriendo.
Mathew la frenó, se puso frente a ella, la tenía agarrada de ambos brazos, mirándola directamente a los ojos:
—¿Qué te pasa?
—¿A mí qué me pasa? A VOS QUE TE PASA —le gritó casi llorando y dejando de lado el trato formal.
La acercó a él intentando besarla.  Lucía se separó bruscamente para volver a gritarle en la cara—: Mi vida era tranquila. Era una persona confiable, segura.  Pero te cruzaste en mi camino y no hacés otra cosa que perturbarme.  Lautaro es un hombre bueno, que desde que me conoció, se dio cuenta que existo y como soy.  Me dio tiempos para conocerlo, para admirarlo.  Y ahora que me propone estar juntos,…¡VOS me descubrís!  ¿VOS? que recordás mi nombre recién ahora.  VOS que no te tomás ni la molestia de hablarnos en nuestro idioma y llevás siglos acá.  VOS que irrumpís en mi casa con tus necesidades sin considerar mi vida privada.  ¿Suponés que soy tan tonta que me dejo seducir obnubilada por el paisaje?  ¿Me crees tan vulgar como para aceptar, cuando en Buenos Aires un hombre está confiando en mí? ¿Es por eso que me necesitabas tanto acá?
—¡NO!… No te niego que el saberte cerca de Lautaro precipitó todo.  Me tortura que estés con alguien que no sea yo.   No pensé que te insultaba, solo quería que me vieras, que me tomaras en cuenta antes de decidirte —acortó la distancia entre ambos y continuó—: Te considero la mujer más cálida que me topé en la vida.  Adoro tu inteligencia y tu carácter.  Si estás cerca,  me enciendo y cuando no estás te espero.   El viernes fui a tu casa a decirte lo que siento, pero no estabas sola y te noté tan lejana, que no dije nada. 
Mathew Landon, el arquitecto distante, sexy hasta lo indecible, le estaba proponiendo… ¿qué?
—¿Qué soy para vos Lucía? En la oficina parecés tan cerca, tan atenta a mí, y fuera de ella me siento como la descripción que hiciste del paisaje ésta mañana; menos que una hormiga, incapaz de hacer que me tengas en cuenta. ¿Te perturbo? ¡GENIAL!  Al menos eso logro de tu parte.
Le rogó que la suelte con la mirada, mientras su mente se repetía:  «Una hormiga es más grande y tiene más voluntad que yo.   Tengo que huir de manera urgente de ésta situación.  Tengo que pensar en Lautaro».
Pero no la soltó.  Él recordó las palabras de Lucía y estaba seguro que reflejaban cómo se sentía él ante ella: «Precisás tan poco de mí para ser magnífica, que quien te haya creado, seguramente  lo hizo, con la intención de aniquilarme.»— Te busco a vos, completa.  Estoy atrapado en vos ¿entendés?  Soy autosuficiente, seguramente sueno arrogante y todos los defectos que me quieras endilgar.  Pero ante vos me siento en carne viva.  Sos magnífica.
—No es cierto.  Te aprovechás  de mis palabras para confundirme.
Salió corriendo y se encerró en su cabaña.  Él no la siguió.


El viernes 18 estará con ustedes el capítulo 10

Gracias por leer

María Border


CAPÍTULO 10
Chances


No pudo dormir en toda la noche.  Supo que él tampoco dormía, porque lo oyó caminar en la cabaña de junto.  Podía imaginarlo, fumando un cigarrillo tras otro y con un vaso de whisky en la mano.
¿Y si de verdad la amaba? ¿Si de verdad la había estado amando? ¿Si realmente esa era su forma de demostrárselo?
Hacía tiempo que Mathew recordaba su nombre y ya no le mandaba mails cuando solicitaba algo, sino que se acercaba hasta su escritorio para pedírselo.  No le conocía aventuras o amoríos.  Tal vez era cierto que el viernes irrumpió en su cena para declarársele y no por trabajo.  Tal vez había sido por contentarla a ella, que en menos de veinticuatro horas, elaboró el proyecto para el geriátrico.
Para Lautaro es “chiquita”, y para él “la mujer más cálida, que lo tiene en carne viva”.  Mathew no solo la había elevado al podio de mujer, sino al de “magnífica”.
Su cercanía, sus manos sosteniéndola, eran mucho más poderosas que un beso de Lautaro. 

  Rodrigo llamó a su puerta y la acompañó hasta el desayunador.  Mathew estaba sentado en una mesa, con una taza de café doble delante y un gesto adusto en su cara.  Se sentaron y quedó frente a su jefe.  Lo vio apesadumbrado, un tanto demacrado, pero perfectamente prolijo y arreglado.
—Los dos tienen una cara que me hace sentir culpable.  Mucho quilombo ayer ¿verdad?—preguntaba Rodrigo, sorbiendo su café.
—Un día movido, pero fructífero.  Resolvimos los conflictos y develamos algunas dudas.  
¿Mathew se refería al trabajo o a ellos?
—Lucía, espero que su jefe le haya proporcionado al menos, algún rato libre para recorrer el lugar.  Esto es hermoso, a Leonor le encanta.  Me dijo que se va a poner las pilas para conseguirnos un lote donde construir un refugio—.  Miró a su socio y le despachó—Esa es una idea que le generaste vos ayer en la cabeza, a la loca de mi mujer.
—¿Qué decís Rodrigo?—preguntó Mathew.
—Ayer, cuando hablaste con ella para lo de las flores a Manucha.  Le dijiste que querías vivir acá toda la vida.  ¿Qué te pasaba man? ¿Estabas romántico?
Rodrigo no sabía ver el amor cuando lo tenía enfrente, salvo que lo involucrara a él.  Si en el lugar hubiera estado su esposa, le hubiera propinado un puntapié tal, que habría tenido que ir a buscar su tibia al lago.  Mathew ni se inmutó.  Lucía en cambio frunció su ceño con fuerza y se escondió en la taza de café.
—No me vas a negar, que en éste lugar, no hace falta enamorarse para sentirse emocionado —Mathew sonaba tranquilo, su habilidad le permitió salir airoso.
—Si, es lindo el paisaje.  Después de todo Leonor es mucho mas piola que yo para elegir lugares, por eso tiene la inmobiliaria.  Pero si llegamos a construirnos un refugio acá, vamos a terminar como familia numerosa —se percató que Lucía era parte de la conversación y muy apenado continuó—: Lo siento Lucía, disculpe, debe ser la alegría de que Angostura es una realidad para el estudio, que me dejé llevar por mis palabras.  Perdóneme y olvide mi torpeza.
—No se preocupe arquitecto.  Sus pensamientos están a salvo y no saldrán de ésta mesa —dijo divertida, recobrando la compostura.

  Mañana agitada, repleta de trabajo urgente para poder terminar a tiempo y tomar el avión de regreso.  Los dos arquitectos se reunieron con escribanos y abogados.
Durante el vuelo a capital, los hombres se sentaron juntos, mientras que Lucía tomó un asiento dos filas más adelante.
—¿Soy un pelotudo o hay tensión entre ustedes?— Rodrigo fue directo.
—¿Entre quienes? ¿A  qué te referís? —si Rodrigo era capaz de notarlo, todos lo notarían.
—Mirá man, puede que Leonor sea la bruja y yo el que vive en una nube de pedo. Pero entre vos y Lucía pasa algo.  De laburo no puede ser, dudo mucho que fallara en algo de éste negocio.  Por lo tanto el quilombo viene por otro lado.  Que hay tensión, hay tensión.  Poneme en autos o le pido a Leonor que me averigüe ni bien lleguemos.
No pudo negarlo, se abrió ante su amigo, tan francamente como le fue posible.
—¿Te rechazó? ¿Me estas jodiendo? ¿Quién carajo es Lautaro Román?  Si Leonor habla mucho con Lucía y le dijo que del laburo se va al geriátrico y no tiene vida social.  ¿Cuándo mierda se enamoró del tipo ese? ¿Te parece que está enamorada de él o te tiene miedo a vos?
—Pará Rodrigo, pará.  No tengo todas esas respuestas. No tengo ninguna respuesta.  Solo puedo decirte que la altero, de eso estoy seguro.  La sentí movilizada cuando estábamos cerca.  Tal vez tengas razón y lo que le pasa es que la intimido.  No sé, estoy tan lleno de preguntas como vos.  Pero te confieso algo amigo, y más vale que no llegue a los oídos de tu mujer; estoy enamorado de Lucía y la cagada es que me parece que no tengo chances.
Rodrigo se lamentó del pedido de su amigo.  Si le hubiera dado carta blanca, ni bien llegaban a Buenos Aires, comentaba todo con Leonor, y ésta, en menos de lo que canta un gallo, tendía sus redes de detective aficionada, y todas las dudas serían resueltas rápidamente.  Pero le dijo que no abriera la boca y no lo haría.
—Una mierda.  Sin ayuda de Leonor, para lo único que te puedo dar una mano, es para emborracharnos.

Rodrigo le había pedido a Adriana que contratara un remise para llevar a la señorita Lucía a su casa desde aeroparque.  A ellos los recogió Leonor.  Con lo cuál, del avión al remise, solo hubo la fría despedida  sin siquiera un apretón de manos.  Como siempre al final de cada día en la oficina.
Leonor manejaba con un ojo en la ruta y el otro saltando de la cara de su marido a la de Mathew.   No entendía nada, se suponía que era época de festejo;  Angostura había salido y era un proyecto que los elevaría al reconocimiento general dentro y fuera del país.  Había visto los planos y eran perfectos. Su inmobiliaria daba cualquier cosa por ser la comercializadora de los lotes linderos. «Acá hay otra cosa.  Rodrigo está triste y Mathew molesto.  Quien sea responsable de la tristeza de mi oso, que se prepare... ».   Mathew molesto...  ¿Y Lucía?  ¿Qué le pareció la mirada de Lucía cuando la despidió?  Estaba tan atenta a su marido que no se percató en Lucía.  Esto no quedaba así.  Ni bien llegara a casa se encargaría de que su marido desembuche todo.  Y si el colgado no sabía, a la mañana lo acompañaba a la oficina y buscaba las respuestas.

—¡Te voy a matar!, no lo puedo creer.  Decime nena ¿vos no aprendés más?  Lo tenías ahí entregado ¡CON EL LAGO ADELANTE! —Sandra caminaba de un lado a otro para descargar la furia contra el piso, antes que contra su amiga—.  Una cabaña en el medio de la montaña, con hogar con fueguito.  Ni un puto conocido cerca que te mire.  ¡Y  TE LO PERDES!
—Sandra por el amor de Dios, no jodas.  Estoy hecha polvo, no veía la hora de llegar y contarte.
Sandra abrió el bolso de Lucía, sacó con bronca toda la ropa fuera de él, hasta que encontró el sensual camisón, que ella misma había introducido allí a escondidas, por si la ocasión lo ameritaba.  Le reclamó con furia:
—¿Decime, para qué mierda me volví loca escondiendo de tu tía esto en el bolso? —sacudía el camisón a centímetros de la cara de Lucía—, para vos reina, para que lo disfrutes, carajo.  Una noche inolvidable donde borrarte todas las dudas y sentir.  SEN-TIR ¿me entendés de lo que te hablo?  Tenés 21 años, si no sos impulsiva ahora ¿Cuándo vas a serlo?  El arquitecto es la sensualidad personificada en un macho.  Te agarra y te parte.  ¿No te das cuenta?  ¿Qué carajo crees que fue a hacer el viernes en la noche a tu casa?  A partirte la boca de un beso.   ¿Te lleva a un cuento de hadas en la Angostura y no lo aprovechás?
 Sandra estaba indignada.  A ella no se le hubiera escapado—. Yo hubiera sido  tan apasionada con él, que no le hubiera dejado aliento por un año.  Se me iba a escapar a mí si era brujo.
Lucía sentada en el sillón, lloraba desconsolada, tapando la cara con sus manos.
—Entendeme por favor.  Lautaro confía en mí, no puedo traicionarlo así por una calentura, por muy grande que sea.
—¡Calentura!  La chica dice, ca-len-tu-ra.  ¿Pero vos te oís, oís lo que decís?  Éste tipo te movilizó desde el principio.  Lautaro ya no existe nena.  Lautaro perdió su oportunidad antes de tenerla; y vos le diste un bonus extra de generosa que sos nomás.  Ahora todo es Mathew.  Olvidate.  Lautaro es historia.  Cerrala como mejor te parezca, dale un premio consuelo si querés, pero guárdate para las ligas mayores Lucía; porque ya tenés dueño aunque te resistas a aceptarlo.
Pasó la noche en casa de Sandra.  Le envió un mensaje de texto a Lautaro, comentándole que había llegado agotada y quería descansar.  Luego apagó el teléfono para no tener que hablar con él.

  Ella no contestaba, ni en la casa ni en el celular.  Mathew no se animó a llamar a casa de María.  Tenía terror de pensar que Lucía estaba con el doctor.  Pero era lo más probable.  Estaban saliendo desde hacía poco, pero si su pareja se iba un par de días con otro hombre de viaje, aunque ese hombre fuera su jefe; lo primero que hubiera hecho, era correr a su encuentro.  Y mientras estaba tirado en su sillón pensando todo esto, ella seguro estaba en la cama de Lautaro.  «La puta madre —pensó—, soy un pelotudo.  No supe abordarla y ahora estoy acá como un idiota, retorciéndome con la duda».
El teléfono lo interrumpió:
—Math ¿Estabas durmiendo?  Sorry  man, Leonor me está volviendo loco.  La mina algo detectó y me está matando a preguntas.  Me encerré en el baño para poder hablarte.  No voy a poder manejar esto —dijo convencido de su impotencia—.  Se puso la remerita floja que usa para sacarme hasta el apellido.  Estoy en peligro, ayúdame —suplicaba Rodrigo del otro lado del teléfono.
—Tranquilo.  Por favor tratá de zafar con que estás cansado y mañana pensamos qué le decimos, te prometo que yo voy a ser convincente.  Pero hoy tratá de zafar que yo estoy retorciéndome.  Lucía no contesta ningún teléfono, lo más probable es que esté con el médico — Mathew sonaba deprimido.

  Despertó temprano, desayunó con su amiga en silencio y antes de tomar un taxi hasta su casa prendió el teléfono y leyó el mensajito de Lautaro:
“Hoy tengo seminario.  Te estuve llamando.  Hablamos en el transcurso del día.  Nos vemos pasado mañana. Besos chiquita”
Tenía tiempo para pensar antes de verlo al menos a él. 
“Chiquita”, Lautaro la cuidaba y la trataba con algodones. 
Sandra leyó el mensaje por detrás del hombro de su amiga.
—¿Chiquita? —dijo despectiva—. Claro, ¡qué mierda!, ahí no hay pasión.  Para el otro sos una mujer magnífica boluda.
No le contestó, le dio un beso en la mejilla, tomó el bolso y se fue a su casa. A encontrarse con ella, bañarse y tomar fuerzas para volver a verlo en el trabajo.
Saludó al llegar tratando que nadie notara nada extraño.  No sabía si era su temor a verse descubierta, pero tenía la impresión que todos la miraban expectantes.
  Leonor fue rápido a su encuentro con una gran sonrisa en la cara:
—Buen día Lucía ¿Qué tal el sur?  Vivo diciéndole a Rodrigo que quiero instalarme allá.  ¿No te encanta el paisaje?  Y la gente, la gente es espléndidamente cálida en el sur.  ¿Será porque hace tanto frío que todo el mundo es tan afectivo?  Digo,… para darse calor mutuamente.
Lucía se ruborizó, sintió como las mejillas le ardían y no podía ocultarlas.   Leonor lo notó.
—El sur es hermoso, y la gente adorable —pudo responder.
 Echó una mirada de reojo al despacho de su jefe.  Estaba reunido con Rodrigo, muy metidos entre papeles.  Desde su lugar no podía ver la cara de Mathew deseaba saber cómo estaba él hoy.  Pero Leonor se sentó en su escritorio tapándole la visión.
—Ya le dije a Rodrigo que estoy embarcada en la firme tarea de robarte y llevarte a trabajar conmigo.  Estos dos no saben reconocer tu valor y el empeño que le ponés al laburo.  Mirá que llevarte al sur, de buenas a primeras, sin avisarte con tiempo. ¡Eso no se hace!
Se enojó.  Entendió enseguida a qué apuntaba la esposa de Rodrigo.  No sabía qué le habían dicho, pero no le gustaba que pusieran en duda su honor.
—Señora, yo hago mi trabajo lo mejor que mis posibilidades me lo permiten, porque para eso me pagan.  Desconozco con cuánta antelación debe notificárseme un viaje de trabajo,  ni cuántas horas debería estar dispuesta a entregar.  Pero entiendo que el estudio en su conjunto ha puesto muchas expectativas en éste proyecto y no seré yo, quien mezquinamente lo coarte.  Si me permite, no quiero ser grosera, pero tengo mucho trabajo y todavía mis jefes no se enteraron que llegué.
Mathew y Rodrigo estaban parados en la puerta del despacho, escuchando absortos a Lucía, pero ella en su enojo, ni los notó.  Solo se dejó guiar por la mano de Leonor que la arrastró con cuidado fuera del escritorio y la llevó hasta la puerta del estudio.  Ya en el pasillo la soltó y le dijo—: Perdón Lucía, vamos a tomar un café.  Necesito hablar con vos, te lo ruego.
No sabe por qué aceptó.  Estaba con la mujer de Rodrigo, en la confitería tomando un café y no lograba que su cuerpo dejara de temblar.
—Perdoname.  Siempre soy muy directa.  ¿Te gusta Mathew?
—Por favor señora Leonor, no tengo fuerzas, le pido que no tengamos ésta conversación hoy.  Solo quiero que el día termine y llegar a mi casa…
—Oíme Lucía.  Entiendo tus reparos, no me conocés lo suficiente —apoyaba los codos sobre la mesa, intentando acercarse más a Lucía—. No te estoy atacando y no te pegunto de chusma. ¿Te pasa alago con él?
—No sé.  Yo tenía todo tan claro…  Y ahora estoy en medio de una confusión enorme.   Se supone que debería estar feliz, el sábado acepté iniciar una relación con el hombre que esperé durante meses y sin embargo no me sentí como esperaba.  Y encima éste viaje, que me mezcló todo como un huracán, con Landon diciendo que…
—Él está enamorado de vos, te lo aseguro —firme, clara.
—Yo no sé lo que siento, y tampoco sé por qué se lo estoy contando.
—Primero que yo soy Leonor.  Acá no están los retrógrados de tus jefes con sus ridículas reglas.  Yo Leonor y vos Lucía.  Y segundo,  Mathew hace tiempo que te quiere.  Jamás en su vida recordó el nombre de una secretaria, y ahora habla de vos todo el tiempo.  Jamás tuvo una relación seria, pero ya ni siquiera se ve con mujeres. Y te aseguro que no le faltan oportunidades.  Es orgulloso y dudo que vuelva a hablarte del tema si no le das suficientes seguridades de que no va a toparse con la pared de nuevo… Lucía, torturó a preguntas a tu amiga, en el casamiento de Andrea; se metió en tu casa con la excusa mas pelotuda que pudo haber encontrado.  ¿No viste como se le iluminaron los ojos al saber que viajarían solos al sur? —Se recostó bien contra su silla, elevó un brazo para colocarlo sobre su respaldo y con mirada pícara, casi risueña continuó— ¡Lucía!   ¿Para dónde miraste todo éste tiempo?
—No lo sé.  Lo único que sé, es que Lautaro no se merece mis dudas.  Y Mathew tampoco.  Lo mejor será que renuncie y me vaya a San Pedro con mis abuelos…
—Ah bueno, ¿me equivoqué con vos, sos una cobarde?
—No sé manejar esto. No puedo ir ni a la casa de mis tíos por temor a que se den cuenta.  No puedo encontrarme a mí misma en éste momento.  Estoy perdida.
—Bueno linda, vamos a encontrarte…—dijo volviendo a acercarse, intentando complicidad—. Según yo lo veo, a Mathew lo rechazaste de entrada, no le diste ninguna oportunidad, y estas poniendo todas tus fichas en el médico. Pero no tenés ninguna fija.  Si aceptás mi consejo, que para algo soy más vieja; date la oportunidad de conocer a Mathew  fuera del rol de jefe y fíjate qué te pasa con él… y con Lautaro para poder tomar la decisión correcta. 
Pagó la cuenta y tomando su cartera, le propuso:
—Vamos Lucía, en el estudio deben estar comiéndose los codos.  Yo voy a decir que te hice un encargo del sur, y que te compensé con un café ¿te parece?
Aceptó y en el estudio nadie pareció sospechar sobre aquella charla tan íntima, entre las dos mujeres, salvo Rodrigo.  Pero sabía que cualquier cosa que hubieran hablado, sería imposible que su mujer se lo comentara.
Cada vez que Landon levantaba la vista hacia el escritorio de Lucía, ésta la bajaba en franca señal que lo había estado observando pero no podía enfrentarlo.

 El día pasó y de igual manera el próximo.  Todo muy formal y correcto como si la noche del lunes no hubiera existido nunca.  Estaba en su casa esperando que Lautaro la pasara a buscar.  Los nervios no le daban respiro y el corazón le latía fuerte.
Lautaro era gentil, la saludó con un suave beso en los labios y caminaron tranquilos hasta el restaurante de la esquina de la casa de Lucía.
—¿Qué tal el viaje chiquita?
“Chiquita”  Por favor que le dijera de otra manera, que hiciera algo, cualquier cosa, que la movilizara un poco.
—Bien, muy provechoso.  Todo salió como ellos esperaban, de manera que Angostura ya es un hecho y ahora tenemos mucho trabajo, porque quieren empezar la obra el mes próximo.
—¿No fuiste por el geriátrico?  Elena me dijo hoy, que desde el sábado no te ve.
Se había olvidado de Elena.
—Le dije que ésta noche te veía.  Me pidió que te recordara —hizo un gesto que demostraba no tener la menor idea de a qué se refería la mujer—,  que ella espera que Elizabeth lo bese a Darcy.
Se rio con ganas— le dije que había un final americano de la película donde sí se besan.  Tengo que llevárselo, no quedó satisfecha con el final inglés.
¿Qué quería decirle Elena con eso?  El sábado le había susurrado que había que darle una oportunidad a Darcy, que no se obnubilara con el soldado.  ¿Quién era quién para Elena?  Había que salir de la duda.
—Lautaro, tengo que decirte algo… —dijo resuelta a averiguarlo.
—No hace falta Lucía, te conozco.  No es lo mismo para vos ahora que antes…  No hay problema.  Solo te pido que no me descartes sin ofrecerme la oportunidad de competir.  Porque yo quiero competir.
—No es una competencia, y yo no soy ningún premio —respondió entre apenada y molesta.
—Lo sé, perdón.  Lo que quiero decir es que, si todavía no resolviste tus dudas, te pido me permitas seguir cerca.  Yo te quiero, no sé si te amo, porque todavía no tuvimos tiempo de funcionar como pareja.  Pero te quiero y me atraés mucho.  Voy a estar donde siempre, y voy a esperar tu llamado.  Si   demorás o  mis deseos se apagan… te lo voy a hace saber.
—No sé como disculparme, solo te aseguro que no he hecho nada que pueda avergonzarnos.
—No necesito eso Lucía.  Te conozco bien.  El sábado me decidí a confesarte mis sentimientos… porque percibí que tenía intrusos en la línea.
¿Intrusos? ¿Se había dado cuenta él también?  ¿Pero sería posible que ella fuera tan obvia?

¿Les gustó el capítulo?

El viernes 25 si Dios quiere leeán el capítulo 11

María Border



CAPÍTULO 11
Quitando el velo de mis ojos



Día tras día entrando a la oficina con miedo a que él hiciera algún comentario sobre la noche de Angostura; y día tras día pasaba sin la necesidad de tener que enfrentarlo.  Era una etapa de mucho trabajo en el estudio y todos estaban ocupados en sus tareas.
Lautaro se mostraba como siempre, como antes de aquel sábado. No presionaba ni intentaba mostrarse distinto a lo que era.
Elena no le había hecho ninguna pregunta, solo le comentó, en el más estricto secreto: «La vida merece la pena ser vivida a pleno y las pasiones por sobre todas las cosas.  Buscá a tu Darcy querida».
Los tíos no hacían preguntas, no reclamaban tiempo con ella, aceptaban sin reparos cada vez que Lucía los invitaba a algún encuentro.  Pero Luis había vuelto a hacerle esos mimos en la cabeza que le regalaba cuando ella se aislaba  extrañando a sus padres.

  Mathew estaba desde temprano reunido en la oficina de Rodrigo.  Desde su escritorio apenas si podía verlos cuando alguno de ellos caminaba cerca de la puerta.  Hablaban, caminaban, tomaban nota en sus notebooks.  Se notaba clima de apuro, de corridas contra el reloj.  Todo el día casi sin comunicarse ni con Adriana ni con ella.
—Parece que están decidiendo sobre el futuro del país ¿vio Lucía? —decía Adriana intrigada.
 El intercambio de llamadas entre Rodrigo y Leonor era  constante.  Eran casi las cinco del viernes y la intriga la carcomía.  Su celular sonó:
—Hola abuela, ¿cómo estás?
—Cielo, vas a tener que venir.  Sor está mal, no nos gusta nada como la vemos.  El veterinario dice que… es mejor que vengas.
—Salgo para allá ahora.
Con los ojos llenos de lágrimas y el corazón anudado, intentó apagar su computadora, cuando recibió el primer mensaje del día de su jefe:
“¿Cenamos ésta noche?”
Entró al despacho de Mathew acongojada.  Su jefe no necesitó preguntar, se le notaba la angustia.
—Gracias, no puedo. Me voy ahora a San Pedro.  Sor está muy mal.  Tengo mucho miedo, si mi abuela me dice que vaya, es porque no hay nada que hacer.
—Yo te llevo. ¿Tenés que pasar por tu casa o podemos salir ya? —seguro, tuteándola otra vez.
—No necesito que me lleve.  Tengo mi auto en el estacionamiento, me voy ahora.
La miró sin intención de discutir nada.
—Sé que no me necesitás.  Yo te llevo —aseguró.
No tenía fuerzas para contradecirlo.  Estaba tan triste, que era mejor si no manejaba.  No pensaba con claridad.
En el viaje a San Pedro no hablaron ni una palabra.  El auto de Mathew se deslizó seguro y rápido sobre la ruta.
—¿Cómo estás abuela?  Gracias por cuidarla ¿dónde está Sor?
—Cielo, Sor anda mal, esta muy tiradita, la vio el veterinario, dice que está viejita.
—Mathew Landon Señora, buenas tardes —se presentó.
—Abu, es mi jefe, me trajo en su auto.
Algo le había dicho María.  Pero que la trajera en su auto hasta San Pedro era, cuando menos, más de lo que le habían contado.
—Gracias Mathew, soy Ana.  Pasen por favor.  Sor está en el living  Lucía.
Corrió en busca de su compañera.  La encontró tirada sobre la alfombra, frente al hogar, abatida, pero con el amor suficiente como para mover un poco la cola.
—Hay que sacrificarla cielo, lo está pasando mal —dijo Ana.
Ya lo sabía.  Se sentó junto a la Border sobre la alfombra, y comenzó a acariciarla.  A recórrela con su cariño y su pena.  La abuela salió del salón y los dejó solos.
Mathew se llenaba de rabia sin poder hacer nada por devolverle a Sor la vitalidad perdida y lograr arrancar la pena de Lucía.
Pasaron la noche junto al animal, sentados en el piso, recostándose contra el sillón y dándole amor a la perra.  El sol los encontró dormidos, Lucía tenía su mano sobre el lomo de Sor y la cabeza apoyada en el regazo de Mathew.  Al despertarse se incorporó y lo escuchó:
—Lucía, Sor está mal.  Necesita que la quieras hasta el final.  No la dejes seguir sufriendo.
Desesperada se colgó del cuello de Mathew como queriendo callarlo; él la encerró en su pecho con firmeza y suavidad.   Finalmente—: Ya lo sé. Voy a llamar al veterinario.  No es necesario que te quedes.  Sor me dio mucho. Fue mi fiel compañera desde que  mis padres murieron.  Yo puedo sola con ella.
—Es una dama Border, se merece mi compañía y respeto hasta el final.
El veterinario estaba listo para cuando Lucía lo llamó.  El final era inminente y él lo sabía.   En pocos minutos Sor ya no sufría.  El abuelo tenía listo el lugar donde enterrarla y lo hicieron sin rodeos.  La gente de campo está acostumbrada a esas cosas y sabe cómo proceder.  La perra había sido un refugio incondicional para Lucía, y el dolor la embargaba.
Casi no almorzaron, a pesar que tampoco habían cenado.  El abuelo entabló una conversación de cortesía con Mathew, de la que Lucía casi ni se enteró.  La abuela embaló unos frascos de dulces caseros, para que ambos se llevaran y un pan de campo.
—Tal vez en el camino tengan hambre, y sino lo guardan para los desayunos —y dirigiéndose a Mathew—: A Lucía le gustan mucho mis dulces caseros.
—Lo sé. María y Luis me hablaron de sus dotes culinarias.
—Ah, ¿conoce a mi hija? ¿Fueron por su oficina o los conoce de otro lado? —quiso hacerse la distraída.
—Abu, nos vamos, el señor fue muy gentil al traerme pero lo demoré demasiado.  Gracias por todo, y por los dulces también —decía Lucía con apuro, casi atropellando las palabras, mientras la abrazaba fuerte.  El dolor no le había permitido caer en la cuenta, de lo difícil que sería remontar la situación ante la familia y ante su jefe.
En el viaje de regreso, no sabía cómo sentarse en el auto.  No se encontraba cómoda, en ninguna posición.  Él la miraba callado, de reojo.  Una mezcla de angustia por Sor y desconcierto por Mathew.  Un nudo en el corazón y otro en el estómago.  El viaje le pareció interminable.
Al llegar a su casa, le preguntó si estaría bien sola, o si prefería compañía.
—Estoy bien, gracias por todo.  Tengo que reordenar mi cabeza para poder despedirme bien de ella.  Gracias… hasta el lunes.
Bajó del auto y casi corriendo subió a su casa sin mirar atrás.  Dejó la bolsa de dulces en la cocina, se bañó, se enfundó un jogging y se dejó caer en el sillón, con la caja de fotos, buscando momentos con Sor.
Su celular la sacó de esa mezcla de tristeza y alegría que le provocaban las imágenes.
—Lucía, me enteré lo de tu perra.  Lo lamento mucho querida.  Sé lo apenada que estás… no es el mejor momento… pero necesito hablarte —Leonor estaba muy apurada por comentar con Lucía las novedades—: Salí de casa para llamarte y que no me oiga nadie.  Mathew se va a instalar en el sur, para dirigir la obra, en un par de semanas.  Prácticamente no va a venir a capital.  Rodrigo acaba de hablar con él y me pidió que le busque un lugar donde vivir.  Al parecer no me habían dicho nada antes porque Mathew quería primero hablar con vos. Él quería volver a plantearte sus sentimientos, pero con lo del viaje inesperado, lo anuló.  Seguro pensó que sería aprovecharse de tu pena y no quiso ponerte en esa situación.  Rodrigo me lo contó muy apenado, casi sin darse cuenta que dejaba al descubierto al otro.  
Escuchaba a Leonor en silencio.
—La cosa es que no me habían hecho buscar nada porque no estaban seguros si necesitaban una cabaña para dos o un cuarto de hotel solo para él.  ¿Te das cuenta Lucía porqué mi apuro? ¿Qué busco para alquilarle? —hizo una pausa y luego afirmó—: Él te ama Lucía.
Cortó la llamada sin responderle.  Tomó la cartera y  salió corriendo de su casa en busca de un taxi, sin pensarlo siquiera.
Se sentía en la carrera más importante de su vida.  Llegó hasta la entrada y llamó sin dudar.
Mathew abrió sorprendido.  Tenía una mano todavía en la puerta y apoyó la otra sobre el marco, como buscando sostenerse erguido.
—Me dijeron que te vas al sur —lo tuteaba mirándolo a los ojos.
—Si —respondió seguro y sin más.
—Vas a necesitar una secretaria —dijo casi con una sonrisa en su cara.
—Le acabo de pedir a Rodrigo que se ocupe de eso.  Vos ya sabés que es su especialidad —contestó, analizándole las palabras y los gestos antes de hacerse de ninguna esperanza, pero reconociendo que la visita era más que inesperada.
—No recibí ningún telegrama de despido y… me corresponde un mes de preaviso —dijo pícara.
—No soy bueno en temas laborales, voy a hablar con Analía  para que se ocupe —ya casi estaba seguro.
—Supongo que no hay mucho tiempo y… me gusta el sur —recostándose sobre el mismo marco de la puerta donde él se apoyaba—. Si estás de acuerdo puedo continuar mi trabajo allá.  Corro con la ventaja de conocer las exigencias del jefe.
Mathew soltó la puerta y se fue acercando a ella pero todavía sosteniéndose del marco.  Lucía no se movió, esperando.
—No va a ser posible.  Necesito una secretaria muy ducha, porque pienso trabajar poco —y ya casi rozándola con su boca terminó—: Pienso dedicarle mucho tiempo a  mi esposa.
La beso y la atrajo hacia dentro de su casa.  Cerró la puerta con el pie, porque no dejaba de besarla y abrazarla.  La llevó hasta su cuarto desvistiéndola en el trayecto.  Cayeron sobre la cama en medio de besos y caricias que habían sido reprimidas demasiado tiempo.  Conociéndose, aceptándose, amándose con deseo.
—¿Me pensabas dejar acá?
—No.  Pensaba gastar mucha plata en pasajes de ida y vuelta —dijo riéndose.
—Tengo que hacer una llamada muy importante señor, es laboral, por favor discúlpeme un momento y présteme su celular.
Juntos en la cama, Mathew la rodeaba con sus brazos.  Tomó el teléfono y llamó a Leonor.
—Solucioné tu duda Leonor.  Por favor conseguí una cabaña grande, con muchos cuartos.  Por el momento somos dos, pero intentamos pronto ser muchísimos.
El resto del fin de semana, los encontró amándose.
El lunes llegaron juntos y tarde a la oficina.   El personal no parecía demasiado sorprendido.  Entraron al despacho de Rodrigo de la mano.  Mathew delante y Lucía sonriendo detrás.
—Socio, tengo que ponerte sobre aviso.  ¡Me caso!
Rodrigo saltó de su asiento para abrazar a Mathew y Lucía.
—Me recontra cagaste, perdí la apuesta con la bruja de Leonor —y dirigiéndose a Lucía preguntó—: ¿Me podés decir qué le viste al grandote éste?
—Es el sacrificio que hago para no quedarme sin trabajo —respondió Lucía burlona.
—Tengo que llamarla a Leonor, se va a caer de traste.
—Me temo que está enterada.  Cosa de mujeres que no saben respetar códigos empresariales —Mathew hablaba mientras abrazaba a su amada por la espalda.  Ella divertida se acurrucaba contra el pecho de su jefe.
—¿Cuándo se enteró?  ¿Pero vos para qué lado pateás?  ¿No me dijiste que no habías hablado con Lucía? ¡La muy tramposa! —exclamó cayendo en la cuenta—   Anoche redoblamos la apuesta.  Me apostó un viaje a Europa.  Tu felicidad a mí me sale carísima. 

Ya casi estamos llegando al final de ésta historia.
El próximo viernes 1º de Febrero leerán el capítulo final.
Cariños a todos.
María Border.



CAPÍTULO 12

La felicidad se construye



  El casamiento se hizo en el campo de San Pedro.  De Europa llegaron los padres de Mathew, su hermana y amigos.  Todos contentos de verlo feliz e ilusionado junto a esa jovencita alegre y cariñosa.  Los abuelos oficiaron de anfitriones y cobijaron a todos los invitados.  Luis entregó a la novia con algo de pena, ya que el esposo se la llevaba al sur.  María lloraba y reía al mismo tiempo acomodando el vestido de su sobrina.  Los Fernández hicieron de nexo entre los invitados de una y otra parte, sintiéndose un poco los artífices de ese matrimonio.
Lucía lamentaba que no hubiera sido posible hacer el casamiento en capital, porque Elena no pudo asistir. Pero se aseguraron de hacerle llegar copias de video y fotos.
Luego de la fiesta, Sandra ayudaba a su amiga a cambiarse antes de despedirla rumbo a su luna de miel-laboral en el sur.
—Quiero todos los detalles.  Con las corridas del casorio, estuvimos a mil y no me contaste nada.  Pero ahora no nos queda tiempo.  Contame rapidito, todos los detalles. ¿Es apasionado? ¿Es egoísta en la cama o se preocupa por vos? ¿Es dulce? TO-DO nena quiero saber todo.
—Es divino Sandra.  No puedo parar de temblar cuando estoy con él.  Es masculino, seguro y dulce a la vez.  Me envuelve en besos y caricias y mi cuerpo no deja de rendirse a sus deseos.  Tiene su carácter, no te lo voy a negar.  Pero jamás es grosero o descortés.  Es mi señor Darcy, tal como lo soñé toda la vida.
—Y encima es inglés. Amiga ¿mirá si no me hubiera enterado del laburo?
—Sandra.  No te quiero quitar mérito.  No sé cuánto tiempo llevaría, ni como haría para conocerlo, pero te aseguro que ese hombre es para mí, así como yo soy para él.  Es mi cuento de hadas hecho realidad y todavía me cuesta creerlo.
—La felicidad se construye Lucía, los cuentos se hacen realidad si nos lo proponemos y no los dejamos ir. Vamos, él te espera y yo te estoy reteniendo con boludeces de amiga envidiosa.  Que seas muy feliz Lucy.  Y a ver si me consiguen un Darcy para mí, que ando medio necesitada—.  Hizo un puchero exagerado antes de predecir—: Ya me veo con la Señora. Elena viendo pelis lloronas.
La despedida fue rápida.  Se montaron en el auto de él, rumbo a capital.
El departamento de Lucía, se puso en alquiler y Leonor se encargaría de tenerlos al tanto.
—Jamás voy a vender, ni alquilar este departamento —le decía Mathew a Lucía, mientras acomodaban sus valijas para el viaje—, acá me viniste a buscar, acá nos amamos por primera vez.  No puedo soportar que otros  se instalen y puedan alterar el clima que vivo entre estas paredes.
Su mujer lo abrazaba con ternura, agradecida por sus palabras.
—A ver mi grandulón si aprende que a las cosas les damos vida nosotros.  Te aseguro que en cada rincón donde podamos amarnos, tendremos  el mismo clima que respiramos acá.

La cabaña de Angostura era hermosa pero sin amueblar.  Así se lo habían pedido a Leonor.  Dispusieron que se trajera  desde la casa de Lucía algunos muebles y recuerdos que ella quería conservar consigo.  Pero todo el resto tenían que planearlo juntos.  Ese sería su hogar. Por el momento se acomodaban en la cabaña donde había parado ella la primera vez.
—Si no te burlás de mi, voy a confesarte algo
Estaban abrazados sobre la alfombra, frente al hogar que chispeaba.  Mathew le dejó ver su cara mas seria para ser digno de cualquier confesión.
—Aquella noche, cuando me tropecé en la orilla y me agarraste del brazo… entendí que no podría alejarme de vos.  Tu mano sosteniéndome me excitó como nada en mi vida.  Tenía terror del dominio que tenías sobre mi cuerpo y mi voluntad.
—Estaba tan enojado esa noche —acomodaba los rizos de Lucía detrás de la oreja, para poder ver claramente sus ojos—, vos considerabas nuestra cena como un trámite.  Lautaro me había ganado de mano. Yo no encontraba la forma de que creyeras en mí,  y lo único que lograba era perturbarte y hacerte sentir vulgar.
—Sandra casi me mata cuando le conté, “Lo tenías entregado y lo dejaste ir”,  me decía mientras yo no paraba de llorar.
—Tanto como entregado… No— Mathew intentaba sostener su postura varonil y fuerte.
—Pero no lo dije yo, lo dijo Sandra —se reía Lucía.
—Cuando te sacaste la chalina en el restaurante… adoré a tu tía, hasta quería llamarla para darle las gracias.
—Y eso que no viste el camisón que la guacha de Sandra me había puesto en el bolso para pasar la noche.  No  pude ni tocarlo,  dormí en remera.
—Acepto para hoy la remera, para completar lo que se perdió de vivir esa noche, pero para mañana quiero el camisón rechazado.
En la ventana se veía caer la nieve de la noche.  Los leños se habían vuelto a avivar, al igual que sus sentidos que los obligaban a amarse apasionadamente en cualquier parte de su nuevo hogar.

FIN


Hemos llegado al final de la historia.  Espero que la 

disfrutaran.

El blog no me deja crear más páginas, por lo que me vi obligada a reunir toda la historia en una sola página y eliminar las que entregaban cada capítulo por separado.

Lo que más siento es que, al eliminarlas, pierdo todos los comentarios que ustedes habían hecho en cada capítulo.  Pero si no lo hacía, no podría entregarles a partir de la semana próxima la nueva historia.  Les pido mil disculpas,  no saben cuánto me apena ésto ya que disfruto muchísimo de sus devoluciones.

Cariños a todos y muchas gracias por leer.

María Border


Y recuerden que si les gustan mis historias pueden conseguir éstas en todas las tiendas Amazon.








38 comentarios:

  1. Bueno, empieza prometedor, yo me independicé hace más de un año y con muchos más de 21 jaja, pero hasta ahora no tengo ningún jefe inglés ni ningún doctor gerontólgo en carpeta ;)
    Espero el siguiente capítulo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Será cuestión de seguir buscando Luciana, o de tener una amiga llamada Sandra, o de ir de voluntaria a un geriátrico. Cariños.

      Eliminar
  2. Hola María, me ha gustado mucho el comienzo de tu historia. Y ya tengo ganas de conocer a ese estirado inglés a ver que pasa cuando se conozcan.
    Estaré atenta al día que publicas el dos.
    Un besazo!!!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Hola Raquel, gracias por tu comentario. Cariños.

      Eliminar
  3. Me ha gustado mucho el inicio de esta nueva historia, un caballero inglés... suena interesante, más si es algo engreído, según la descripción de Sandra. Me gusta la independencia que Lucia está buscando y su labor con los abuelitos, parece ser una buena chica. A ver que le deparas en las siguientes páginas. Ah, olvidaba mencionar el buen gusto literario el de Lucia.

    Me quedo esperando la próxima entrega.

    Un beso.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Jennieh, qué bueno que te guste. Sí, creo que Lucía es de las nuestras, seguro la encontraríamos en un grupo de Austen. Cariños.

      Eliminar
  4. Querida Maria;me has sorprendido.Este comienzo promete.Eres increible,tienes madera de escritora y por fin la muestras.Espero el proximo capitulo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Muchas gracias por tu comentario tan lindo. Mañana viene el capítulo 2. Cariños.

      Eliminar
  5. Bueno lo prometí y ahora estoy aquí, leyendo tu nueva historia que me ha gustada cabe recalcar, pero que ahora seras una buena inspiración, grandiosa como siempre.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias Sophie, siempre es un gusto encontrarte.

      Eliminar
  6. Engreido,jefe,y extranjero....Un empiezo genial!!! jejeje

    Eso si, en algunos momentos me perdia por algunas palabras..de tu tierra,no?

    Un beso

    pd: Voy a seguir leyendo el otro cap.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Hola Marili, gracias. Me diste una idea genial. Tenés que contarme cuáles son esas palabras y armamos un diccionario de "argentinismos" ¿te parece?

      Eliminar
  7. "Si seguís así no te va a dar bola ningún tipo". Esas palabras de Sandra revelan que a pesar de los muchos años que han pasado con respecto al siglo XIX, la cuestión de conseguir pareja antes de echar a perder los atributos juveniles es algo fundamental en muchas mujeres de la actualidad. xD

    Es un capítulo interesante y muy fluido.

    Saludos.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Hola Martín. El tiempo pasa, las culturas evolucionan, los intereses suelen cambiar, pero en algún lugar escondido, siempre existe un temor básico y primitivo. Todos somos distintos, cada uno tiene sus fantasmas, pero finalmente y desempolvando, solemos encontrar a Sandra. Gracias por leer y comentar Martín.

      Eliminar
  8. Hola María: Sé que llevo un poquitín de retraso en la novela, pero recién la empecé y ya me atrapó...
    Seguiré adelante!
    Besitos =)

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Me alegro mucho que te atrapara.
      Espero que sigas disfrutando.
      Cariños y gracias por leer.

      Eliminar
  9. Ésta es la única manera que encontré para recuperar sus comentarios en cada capitulo.
    Espero no les moleste. Y mil gracias.

    ResponderEliminar
  10. CAPÍTULO 2
    -*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*
    ¡Vaya! Sorprendente descripción del misterioso caballero inglés, que bueno, ya no es tan misterioso por lo que nos has contado. Sin embrago, igual me dejaste con la intriga, quedo a la espera de saber como le irá a Lucia en todo esto y si logrará que aquel hombre la mire por lo menos una vez. Un beso. en Como en un cuento de hadas - © María Border-Capítulo 2.
    Jennieh
    el 25/11/12
    -*-
    Me ha gustado la descripción de lo que hace cuando está enojado y lo que hace cuando es feliz jaja. Descarga la locura en el squash! Imagino que pronto se dará cuenta que su secretaria "existe". Besos. en Como en un cuento de hadas - © María Border-Capítulo 2
    Luciana
    el 26/11/12
    -*-
    Las palabra que lo describirian:misterioso,meticuloso.. eso si, me encantara "ver" cuando levante la vista de la mesa y se encuentre con los ojos de ella. Un bs en Como en un cuento de hadas - © María Border-Capítulo 2
    Marilì acosta
    el 28/11/12
    -*-
    Marili: a ver si te doy una mano. Sin hay más me dices. Barrio= Sectores en los que se divide la ciudad. Cuentan con entidad propia y eso los diferencia. Ej: Palermo, Belgrano, Recoleta, Almagro, La Boca, Soho, etc. Charlar= Hablar. Charlatán=el que habla mucho o dice muchas tonterías o embustes. Autódromo= Cirucito para carreras de autos. fierros= autos. Fierrero: al que le gustan los autos. Malandra= Mal viviente, persona que no goza de la confianza de los demás. Chiflada= Loca, impulsiva. (loca no en el sentido de insana mental, sino en el de quien hace cosas locas. MonteChingolo= Como expresión de muy lejano para quien vive en capital. Canchero= Experto en algo. Aire canchero: aire de superado. PH= Propiedad horizontal. Normalmente: casas antíguas, que se subdividieron en departamentos individuales más pequeños. Quilombo= El significado real sería prostíbulo, pero se usa cotidianamente en lugar de: lío, desórden. Pochoclos= Pop corns, palomitas de maíz. Laburo= en Como en un cuento de hadas - © María Border-Capítulo 2
    en respuesta a: Las palabra que lo describirian:misterioso,meticuloso.. eso si, me encantara "ver" cuando levante la vista de la mesa y se encuentre con los ojos de ella. Un bs, por Marilì acosta.
    María Border
    el 28/11/1
    -*-
    Eres un encanto Maria, un encanto. Gracias!!! Besitosss en Como en un cuento de hadas - © María Border-Capítulo 2
    Marilì acosta
    el 28/11/12
    -*-
    María me ha encantado la descripción que haces de este hombre, me parece que pronto se dará cuenta de lo que vale su secretaria. Me voy al siguiente. Muchos besos!!! en Como en un cuento de hadas - © María Border-Capítulo 21 respuestas.
    Eliminar contenido | Eliminar | Spam
    Raquel Campos
    el 4/01/13
    -*-
    Evidentemente ese jefe extranjero es un hombre muy reservado. Supongo que tendrá un pasado, tal vez recuerdos de un antiguo amor que quiere dejar atrás. Saludos. en Como en un cuento de hadas - © María Border-Capítulo 2
    Martín de Moxena
    el 21/01/13

    ResponderEliminar
  11. CAPÍTULO 3
    Que bueno!!! Me he reído mucho, está genial. Ahora toca esperar al siguiente capítulo ;) en Como en un cuento de hadas - © María Border-Capítulo 3
    Arman lourenço
    el 30/11/12
    -*-
    Hermoso, me encantan los cuentos tan frescos. Leticia Aparicio, mi amiga me recomendo que leyeta tus cuentos. En eso estoy. Felicitaciones, y esto de esperar una semana, me vuelve loca de ansiedad en Como en un cuento de hadas - © María Border-Capítulo 3
    sandra
    el 2/12/12
    -*-
    Muy buen capítulo, ¡por fin reparó en ella!, aunque sea para catalogarla de loca y flaca; que se cree ese Matthew, a ver que sorpresas se lleva ahora que ya ha comenzado a mirarla. Un beso y espero el siguiente con ansias!!! en Como en un cuento de hadas - © María Border-Capítulo 3
    Jennieh
    el 2/12/12
    -*-
    Que linda historia,! La vas a publicar toda?, cuantos capitulos son? No nos vas s dejar por la mitad no? Y quiero saber como sigue con este arquitecto engreido. Me muero por la continuacion, besitos. Sandra en Como en un cuento de hadas- ©María Border-
    sandra
    el 3/12/12
    -*-
    Me ha encantado, como ese hombre se ha dado cuenta de ella en el preciso instante en que conduce su coche!!!como me he reido...jajaja A por el siguiente!!! Un besazo!! en Como en un cuento de hadas - © María Border-Capítulo 3
    Raquel Campos
    el 4/01/13
    -*-
    Ya quisiera ser yo su secretaria y que me inviten a una boda con él! El único pequeño detalle, es que no sé manejar. Jamás podría tomar llaves de nada. Besos. en Como en un cuento de hadas - © María Border-Capítulo 3
    Luciana
    el 5/01/13
    -*-
    Me hizo gracia esa escena de Lucía saliendo del coche del jefe como alma que lleva el diablo, buscándolo sin saber que él ya la estaba observando. Buen capítulo. Saludos. en Como en un cuento de hadas - © María Border-Capítulo 3
    Martín de Moxena
    el 21/01/13

    ResponderEliminar
  12. CAPÍTULO 4
    Me encanto, pero siempre me quedo con hambre de mas. Este no esta a la venta? Me tiene bastante atrapada. Besitos en Como en un cuento de hadas - © María Border-Capítulo 4
    sandra
    el 7/12/12
    -*-
    Vos no te das una idea lo ansiosa que soy leyendo, soy capas de no dormir por saber como termina una historia. Yvos me das de a gotita, grrrrr, muero de ansiedad en Como en un cuento de hadas - © María Border-Capítulo 4
    sandra
    el 8/12/12
    -*-
    Matthew, queriendo saber de Lucía, suena más que bien. A esperar el próximo capítulo. Como siempre un gusto leer tus historias. Un beso en Como en un cuento de hadas - © María Border-Capítulo 4.
    Jennieh
    el 12/12/12
    -*-
    María!!!!! Desde anoche me quede con la intriga de leerte! y comencé con el cuento en cuanto entré a la oficina. Estoy envuelta en la historia de amor, es cómo un renacer del bichito del enamoramiento, ese que hoy no quiero peder...Gracias María... en Como en un cuento de hadas - © María Border-Capítulo 4
    Anónimo
    el 14/12/12
    -*-
    A por el siguiente, quiero saber más.... Besos!!! en Como en un cuento de hadas - © María Border-Capítulo 4
    Raquel Campos
    el 4/01/13
    -*-
    Ayyy sí! Tortícolis de mirarlo! La verdad, cómo no lo tira arriba de un escritorio?? Y si no baila, será porque no hubo nadie lo suficientemente bella como para tentarlo :P Besos. en Como en un cuento de hadas - © María Border-Capítulo 41 respuestas.
    Eliminar contenido | Eliminar | Spam
    Luciana
    el 5/01/13
    -*-
    "Me parece que tenía la idea de ver cuán amigas somos, para sonsacarte cosas mías en la oficina". Parece que Sandra esta vez no acertó en su análisis de Mathew. Qué mal por ella. En este capítulo el nudo del enlace parece complejizarse más con la aparición del piloto por un lado y de Sandra como pretendientes de Lucía y Mathew respectivamente. Saludos. en Como en un cuento de hadas - © María Border-Capítulo 4
    Martín de Moxena
    el 22/01/13

    ResponderEliminar
  13. CAPÍTULO 5
    Me sigue gustando, gracias Maria, que linda historia! en Como en un cuento de hadas - © María Border-Capítulo 5
    sandra
    el 14/12/12
    -*-
    es mucho hasta el 21 de diciembre!!! Gracias por este derroche de romaticismo...cariños María!!! Caro en Como en un cuento de hadas - © María Border-Capítulo 5
    Anónimo
    el 17/12/12
    -*-
    Sorprendente capítulo, me encanta la personalidad de Lucía, me gustó que haya cortado de inmediato a Facundo. Y Mathew, bueno...no sé qué decir exactamente de él, con cada capítulo me va gustando más. Un beso. en Como en un cuento de hadas - © María Border-Capítulo 5
    Jennieh
    el 17/12/1
    -*-
    Menudo encuentro....me has sorprendido al presentar a Mathew en su casa....A por el siguiente!!! Besos!! en Como en un cuento de hadas - © María Border-Capítulo 51 respuestas.
    Eliminar contenido | Eliminar | Spam
    Raquel Campos
    el 4/01/13
    -*-
    Ver O&P jajaja, que le tema a los caballos, jaja. Mucho para mi! en Como en un cuento de hadas - © María Border-Capítulo 5
    Luciana
    el 5/01/13

    ResponderEliminar
  14. CAPÍTULO 6
    ¡Qué emoción! Si son celos lo que siente Mathew, por lo que sucedió con Lautaro, el asunto va para grave. Buena intervención de Elena, será que sus ojos más sabios alcanzan a ver todo de manera distinta, creo que por parte de Lucía nada extraño va pasando de momento, hasta aquí creo que ella no se ha dado ni cuenta de lo que sucede con su jefe. Un beso. en Como en un cuento de hadas - © María Border-Capítulo 61 respuestas.
    Eliminar contenido | Eliminar | Spam
    Jennieh
    el 22/12/12
    -*-
    Un médico, un arquitecto y hasta un bobo conductor de coches de carreras, es mucho para una sola! Que me mande el arquitecto y estamos a mano! en Como en un cuento de hadas - © María Border-Capítulo 6
    Luciana
    el 5/01/13
    -*-
    Espero ver que decide Lucía y que piensa de lo que hace su jefe. Me ha gustado mucho Elena y me parece que Mathew va por buen camino. Voy al siguiente!!!Besos!!! en Como en un cuento de hadas - © María Border-Capítulo 6
    Raquel Campos
    el 6/01/13

    ResponderEliminar
  15. CAPÍTULO 7
    Fantástica, como siempre. Mis felicitaciones. A la espera de la siguiente. Feliz año nuevo para ti, disfruta!! Besos en Como en un cuento de hadas - © María Border-Capítulo 7
    Arman lourenço
    el 28/12/12
    -*-
    Yo tambien quiero saber como besa Mathew!!!!? Seguire esperando otra semana, besitos en Como en un cuento de hadas - © María Border-Capítulo 7
    sandra
    el 28/12/12
    -*-
    Es verdad, los médicos tienen un poco de egocentrismo y creer que todas caeremos muertas al instante. Lo digo por experiencia :( Ojalá yo tuviera los problemas de Lucía! No saber cuál elegir! en Como en un cuento de hadas - © María Border-Capítulo 7
    Luciana
    el 5/01/13
    -*-
    Menudo dilema tiene Lucía, yo también estaría echa un lío. Me ha encantado la frase: Puede ser despistado, pero no boludo...jajjaa A por el siguiente, me voy a acostumbrar a leer dos o tres seguidos..jajjaa Muchos besos!! en Como en un cuento de hadas - © María Border-Capítulo 7
    Raquel Campos
    el 6/01/13

    ResponderEliminar
  16. CAPÍTULO 8
    Cuando, sale en papel, asi no puedo mas, me vas dando de a gotitas y yo estoy muerta de sed. Jajaja. Los protagonistas me encantan, muy lindos. Besitos en Como en un cuento de hadas - © María Border-Capítulo 8
    sandra
    el 4/01/13
    -*-
    Encima que tiene dos tíos peleando por ella, uno la lleva a Villa La Angostura? Uno de MIS lugares en el mundo? Lucía, te tengo entre ojos. en Como en un cuento de hadas - © María Border-Capítulo 8
    Luciana
    el 5/01/13
    -*-
    Que maravilloso lugar, yo también quisiera conocerlo. Me ha gustado mucho el capítulo y como has descrito los sentimientos de Lucía, una cena a solas???? No llego al viernes....pero esperaré para leer esa cena romántica!!! Muchos besos!!! PD: Ya me he puesto al día!!!Bien!!!! en Como en un cuento de hadas - © María Border-Capítulo 8
    Raquel Campos
    el 6/01/13
    -*-
    Qué precioso te está quedando, María. Eres genial en Como en un cuento de hadas - © María Border-Capítulo 8
    Dely
    el 8/01/13

    ResponderEliminar
  17. CAPÍTULO 9
    Guauuu,Que estupida, ahi, me daba vuelta y le estampaba un beso, pero buee, es tontita esperaremos a que se anime en el proximo cap. COMO SIEMPRE ME ENCANTO! BESITOS Y BUENAS VACACIONES en Como en un cuento de hadas - © María Border-Capítulo 9
    sandra
    el 10/01/13
    -*-
    Precioso capítulo que ha dejado a nuestra chica totalmente descolocada. Vaya hombre...se lo ha soltado todo y de qué manera, me ha encantado!!!! Ahora a esperar que ella piense y se aclare un poco. Hasta el próximo, muchos besos!!! en Como en un cuento de hadas - © María Border-Capítulo 9
    Raquel Campos
    el 10/01/13
    -*-
    Ay, me has dejado con los nervios de punta. Ambos se han puesto en una situación difícil, me gustó la reacción de Lucía, creo que habla bien de ella y de lo que Mathew puede esperar en ella, tensión, tensión la electricidad estaba en el aire. Ahora no queda más que esperar el próximo capítulo. Espero que te encuentres bien, confieso que me alarmó un poco tu comentario en facebook tras adelantar esta entrega, deseo que todo esté bien para ti. Un beso. en Como en un cuento de hadas - © María Border-Capítulo 9
    Jennieh
    el 11/01/13
    -*-
    Madre mía María!!! Menuda tensión que he sentido, magnífica, me encanta la frase : "Si estás cerca, me enciendo y cuando no estás te espero" Me pusiste los pelos de punta!!! Sigue así, mi enhorabuena. Besazos en Como en un cuento de hadas - © María Border-Capítulo 9
    Arman lourenço
    el 11/01/13
    -*-
    Pero vos estás queriendo que yo la surta a Lucía! Cómo dejarlo así en la orillita del lago después de lo que le dice! No tiene cerebro!!!! Estas mujeres de ficción suelen exasperarme :P Besos. en Como en un cuento de hadas - © María Border-Capítulo 9
    Luciana
    el 17/01/13

    ResponderEliminar
  18. CAPÍTULO 10
    Ayyy, precioso capítulo María, como me he reído con las instrucciones que Sandra le da a Lucía...y ella la pobre está hecho un lío. Espero que se aclare pronto y sepa reconocer el amor de verdad. Me encanta ese toque tuyo que le das a la historia con esas expresiones tan lindas de tu tierra. Espero el siguiente!!! Un beso enorme!!! en Como en un cuento de hadas -María Border -Capítulo 10
    Raquel Campos
    el 18/01/13
    -*-
    Precioso!!! me encanta el rumbo que está tomando la historia, pobre Lucía!! que me la dejen descansar un poquito!! jajajaja muy buen capítulo María, como lo son todos. Un besazo!!! en Como en un cuento de hadas -María Border -Capítulo 10
    Arman lourenço
    el 18/01/13
    -*-
    Así que tan precipitada declaración por parte de Lautaro no fue de casualidad; bien, se puso más listo y decidió ganar la partida. Espero que Lucía pueda aclarar pronto su cabeza o más bien decida actuar por el corazón, me duele ver como tiene sufriendo a Mathew, por cierto él me encanta. Para que decir que espero el próximo capítulo y ya lo sabes. Un beso. en Como en un cuento de hadas -María Border -Capítulo 10
    Jennieh
    el 22/01/13

    ResponderEliminar
  19. CAPÍTULO 11
    Primero, que triste lo de Sor... se me saltaron algunas lagrimitas. Segundo, que emocionante, me encanta esta pareja!!! Que pena que quede tan poquito. Fantástica, como siempre María, te felicito. Besos en Como en un cuento de hadas-Capítulo 11
    Arman lourenço
    el 25/01/13
    -*-
    Qué bonito capítulo!!!Muy triste lo de la perrita, que pena me ha dado. Pero qué bonito cómo se han quedado juntos!!! Me da pena de que se acabe!! Un besazo!!!! en Como en un cuento de hadas-Capítulo 11
    Raquel Campos
    el 25/01/13
    -*-

    ResponderEliminar
  20. Precioso final para una historia que me ha encantado de principio a fin. He adorado a los personajes y esa forma tuya tan íntima de narrar la historia con el deje de tu tierra.
    ¿¿Otra historia?????Ahí me tendrás a la expectativa.
    UN beso María!!!!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Qué alegría que te gustara Raquel. Te espero el viernes con la nueva historia, a ver si te gusta también. Cariños y gracias por leer.

      Eliminar
  21. Encantador final, sin duda "Como en un cuento de hadas. Digno de ser grabado y recordado.

    Me alegra que hayas podido rescatar los comentarios y está demás decirte que espero con ansias tu próxima historia.

    Un beso.

    ResponderEliminar
  22. Lo termine, me encanto, Maria, hermoso cuento y el final, en la alfombra frente al hogar, contandose cosas me lo imagine tal cual. Besote

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Me encanta que pudieras leerlo Sandra. ¿Viste que a pesar de la ansiedad, todo llega? Gracias Sandra, cariños.

      Eliminar
  23. Me encanto, es una trama clasica que tanto nos gustan a las chicas. Lo lei todo entero en un ratito, y anque sea corto tubo todo lo que e gusta en un libro. Felicidades esta genial.

    ResponderEliminar
  24. recien he encontrado tu blog y he quedado prendada, tenia tanto tiempo de buscar un sitio asi, tu forma de escribir me encanta, te saludo desde El Salvador.

    ResponderEliminar
  25. Muchas gracias por leer. Me alegro que te guste el blog.

    ResponderEliminar
  26. que son hermosas tus historias paso de las lagrimas a la alegria besos querida maria me llenan el corazon tus palabras <3

    ResponderEliminar